6 de enero de 2001

 

Las vacas locas y las cuerdas lacras.

por

Fernando ARRABAL

En mi queridísima España la historia de las vacas locas comenzó con un éxito loco ¡y cómico! Cuando, hace una decena de años, en mis conferencias improvisadas (¡y a mucha honra!), me refería a ellas, las cárcajadas me interrumpían. "Sólo él puede inventar algo tan divertido". Sin darse cuenta, acertó plenamente aquel experto que dictaminó: "todo esto es surrealista, patafísico, o pánico". En efecto, sólo a estos grupos (con el de los científicos más subversivos) les interesan sistemáticamente las hipótesis más sorprendentes de la Ciencia. Pueden opinar libremente, por ejemplo, sobre el SIDA... ¡y sin parecer que viven a sueldo de laboratorios predatorios o fabricantes tunantes de preservativos! Estos grupos minoritarios investigan sin prejuicios las dolencias indeterminadas como "la enfermedad de Alzheimer" o la "leucemia de los soldados". Mientras tanto el gallo y los pimpollos sin meollo de la Medicina-Oficial o de la Oficina-Política se oponen, como Blair, a "cualquier intento de exámenes serios y profundos sobre los soldados afectados por el Síndrome de los Balcanes"

Antes de las "vacas locas" las ovejas emigrantes merinas españolas del siglo XVIII padecieron ya de "scrapie" ¡el "tembleque"! Únicamente estudiaron este mal los investigadores más originales ¡y marginales! de su época. El heterodoxo pediatra militar Gajdusek, sin formación alguna de virólogo, descrubrió la enfermedad del "kuru". ¡A lo patafísico! Para ello vivió diez años rodeado de caníbales aislado en las Altas Tierras de Nueva Guinea. Calumniado hoy y acusado de los crímenes más nefandos, se ha tenido que refugiar en una universidad confidencial y confianzuda. A partir de su descubrimiento se actualizó el estudio de nuevas formas de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, del "insomio fatal familiar", y de otras categorías genéticas y ¡hasta felinas! de las vacas locas. Estos males (desde el GSS hasta los iatrogénicos o esporádicos) causan lesiones cerebrales evidentes pero no se ha aislado nunca (¡ni se ha visto!) al agente de la enfermedad, al invisible (¿o inexistente?) "prión"... por muchos proteinas que descubra o describa Prusiner. La biología molecular también ha roto el positivista principio de causalidad. Por eso yo llamé "cuánticas" desde el primer día a estas enfermedades. La indeterminación también trasciende a la Biología Molecular. Las enfermedades más misteriosas (es decir ¡místicas!) nos enseñan a dudar de nuestras certezas. Las vacas locas no se dejan amarrar con las lacras cuerdas de nuestra arrogante sabiduría oficial. ¡Genial!

Fernando ARRABAL