del 21 de octubre de 2001 (307)

Mensaje para CULTURA


de Fernando Arrabal

(Sátrapa del Collège de Pataphysique)

Definiciones, jaculatorias y arrabalescos

ENCAPUCHADAS CUAL CAPULLOS

 

Náusea:

Basca o malestar somático causado por la repugnancia moral que se siente contra algo. Puede provocar la basca... toda la basca

Simon Leys fue ninguneado o calumniado ("hasta la náusea") por haber tenido la osadia intempestiva (¡en pleno 1971!) de editar su revelador "Los hábitos nuevos del Presidente Mao". [Fecha en que yo mismo escribí "Carta al General Franco" con parecidas secuelas. Eran tiempos en que algunos de los futéroes de la resistencia -en la sombra- representaban - a toda luz- a la "cultura" del Caudillo en bienales o festivales.] También los futuros críticos del terror de Mao, enrolados entonces en bascas chinipollas, informaron al reaccionario chusquero: "Gracias a Mao en China ya no se mata por motivos políticos y de hecho los pretendidos campos de concentración son en realidad confortables sanatorios". Leys acaba de publigallimard un ensayo (¡que hace diana!) sobre André Gide. El Nobel fue un prestigiosísimo escritor desde los 22 años y un competentísimo pedófilo... pero únicamente desde los 26 hasta su muerte a los 82. Cuando su sabihonda y adorada mamá falleció el escritor descubrió en Argelia su irrefrenable apetito de pitos infantiles. En vista de lo cual acto seguido se casó con su prima Madeleine. Vivió con ella 43 años sin romperla ni mancharla. "Sólo un homosexual puede ser un buen marido" repetía para ¿divertir a la esposa virginal de tan original desposado? Pero Madeleine "por falta de higiene sexual mutila mi inspiración literaria... ¡qué papel tan admirable hubiera podido tener mi mujer si se hubiera avenido a seducir niños para mí"! Las hazañas de Gide fueron iluminadas, cual evangelistas, por cofrades y colegas desde ángulos diferentes. Por si fuera poco durante medio siglo Gide escribió su "Journal" y venticinco mil cartas. La "Petite Dame", anotó con rigor de notario todos los notorios actos del degenerado ‘genio’. A Madeleine, a Catherine, a Jean Lambert, a André Schlumberger, a Roger Martin du Gard o a Pierre Herbart les preocupaba el acoso sistemático de todos los niños al alcance del egregio viejo (¡pero verde! y académico de "la lengua"). Visitaban países tan incultos que el ‘detente’ (el premio Nobel) no le protegía contra la policia con policopistas y contra las famélicas familias. La ‘Petite Dame’, a la sazón próxima, como él, a cumplir los 80 años, cuando no conseguía cazar a un menor para el lecho y la buena leche de Gide decía "yo misma sirvo de suplente". La ex-secretaria del Nobel y futura "goncourt", Beatrice Beck, en sus recientes "Confidencias", recordando esta suplencia, escribe "¡Cuando pienso en esa pareja de esqueletos!... A mí que tengo una imaginación muy visual y que ‘somatiza’ enormemente me entran ganas de vomitar". Precisamente Flannery O’Connor aseguró hace medio siglo: "Gide es uno de los pocos escritores que me dan naúseas". Almorzando con amigos el noble nobel dijo: ‘Se habla de antisemitismo... no me gustaría que me hiceran una transfusión de sangre judia’... ‘¿Y de sangre árabe?’ - ‘¡Aún menos!". Almuerzo que termino con esta vomitona.

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Auto-capamiento:

Supresión del propio par de testículos; obviamente sólo aquel que lo tiene puede cortárselo. André Gide soportó espiritualmente esta mutilación durante toda la cohabitación con su impóluta esposa (pero únicamente en el seno de su matrimonio).

"Qué cosas, coño, qué cosas" comenta el sabio Gonzalo Santoja, al enviarme "la noticia del capamiento de Ambrosio de Morales en la literalidad de Fray Henrique Flórez." y no del ex-novio de Dalí: "... dió en una diabólica tentación y se cortó los miembros viriles totalmente... quedó tan raso como la palma de la mano, y quiso Dios, que al tiempo del cortar, con el dolor, dió un grito, y el P. Fr. Gerónimo de Andújar... hallólo tendido en el suelo, manando sangre de él, como agua de una fuente, y tapólo luego con un paño grande, y quemaron un sombrero de fieltro, y con las cenizas de él le polvorizaron toda la llaga, y así restañó la sangre. Y el... médico de Córdoba... le cauterizó con fuego la llaga sobre las cenizas, que allí estaban hechas costra... no se atrevió a las quitar, por temor que la sangre volvería de nuevo... a correr ." Concluye el texto divino y adivino.

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Oído:

Sentido que (como el odio) no puede probar una realidad exterior a él.

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Jaculatorias (del latín ‘ejaculare’):

Mata sin más análisis que los de la sangre o la religión de sus víctimas.

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Bulímico de recuerdos el compañero incomunicado en el calabozo, al fin, se halló en buena compañia.

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Otro arrabalesco: Cual capullos encapuchadas, se preguntan inteligentes: ¿Cendal continuo o Corán alternativo?