| LAS EMBURKADAS FORZOSAS Y EL JIHAD
Corán:
El Libro (Al-Kitab) por excelencia; dice que sus textos son la palabra de Dios transmitida por el arcángel Gabriel (Jibrail) al Profeta (Muhammad) gracias al misterio de su inimitabilidad, ¡original! En 1750 Voltaire declaró "Si Dios no existiera habría que inventarlo".
Súbitamente algunos de los cordiales cultateos que nos rodean han echado un vistazo al Corán como "lectores de comienzos" consumados. Sus minilecturas consumidas ¿no llegaron hasta los versículos consagrados a la inferioridad de la mujer respecto al hombre? ¿O no les preocupa que, por ejemplo, la minoría de maridos pueda administrar a la mayoría -sus propias mujeres- "cien latigazos, sin usar indulgencia alguna" parcial o plenaria. ["¿Dónde está Dios? gritó; voy a decíroslo. Le hemos matado vosotros y yo. Somos sus matarifes": La divertida sapiencia de Nietszche.]
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"Lectores de comienzos":
Género mayoritario y sobrealzado por el nuevo best-seller pagado por los paganos: el Corán. Lo forman simpáticos lectores vagos (¡y vagos!) y tan ocupadísimos que ¿no les queda tiempo para hojear los ayas- versículos- dedicados al aherrojamiento, hasta las cejas, de las mujeres? ¡Y sin miramientos!
Según el venerable (para Borges y para Gustavo Charif) Macedonio Fernández, estos lectores forman el corro "más probado, decidido y celoso de su comodidad". Les alaba el gusto y "lo poco disimulados" que son. Precisamente a esta Mayoría (con mayúsculas) le dedica un prólogo esperando que le den "ánimo para no ulteriorizar este libro-que-comienza a fín de que no trunque mi obra con seguirla y no me despeñe estirando a más tan concluido comienzo. Santo consejo" ¿divino o adivino? Para llevarle la contraria a Voltaire Bakunin dijo: "Si Dios existiera habría que hacerle desaparecer."
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Coranista novato:
Afectuoso agnóstisco que, como "lector de comienzos" (¡o de resúmenes!), puede mejor que nadie abandonar la kantrítica de su propia razón pura y dogmatizar, tomista-leninista, gracias a su ahondamiento (en el Libro) de haleche condensado.
Este amable novicio fue mecido al son de nanas guerreras: "lánzate al combate y muere, tu madre te vengará", "que una sangre impura enemiga riegue nuestros surcos" o "es la lucha final de la Internacional" [Fausto de Goethe: "Todo lo que nace merece perecer".] La inconclusa lectura del Libro le permite dar su lección eruditonta. En su día celebró las guerras cuasi santas contra los disidentes con el exterminio de los zares y demás parásitos de la sociedad debidamente confesados en privado y autocriticados en público. Incluso, aún desmuronado, sigue soportando el boniatotalitario (para enmuronar a los "agentes de la reacción") y el fusilamiento de infideles. Pero pasa-la-hoja de la burkanización. En la visión internacinatorpe no cabe detenerse en estas minucias y menudencias de menudillo hechas con la sangre y las lágrimas de las mujeres. Para Lucrecio, Epicuro salvó a la mujer (y al hombre) de la religión "devolviéndole la dignidad".
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Jahid:
Desviación o diversión ¿para ocultar la peor de las guerras-santas? la que sufren sistemáticamente, todos los días y todas las noches, en cuerpo y alma las mujeres "inferiores" a los hombres que le "son pre-eminentes". [Averroes en su Decisivo discurso del siglo XII defiende la libertad de las mujeres - y la de los hombres- de "actuar y pensar contra la fe".]
Para tratar de olvidar (¿a modo de gámbito?) a las mujeres emburkadas por la fuerza los distraídos discuten acerca de los dos significados posibles de la palabra jihad. Para unos la jihad grande es el esfuerzo en la vía hacia la divinidad con humildad y meditación, mientras que el jihad pequeño es el esfuerzo puramente defensivo, durante la lucha contra los infieles que "atacan a la Meca". Para los otros el jihad es "la guerra santa" exigida por el Libro para la exterminación de los infieles (como vulgares disidentes anticomunistas o antinazis durante el esplendor de los dos porvenires radiantes). La mayoría de los "lectores de comienzos" da su opinión olvidando a las emburkadas encerradas con la serpentina de concubinas de un marido de nicotina y brillantina entre cortinas. [Desde el comienzo del Islam los zindigs, poetas árabes epicúreos, pensaban como Omar Jayam: "No levantes tus manos para rezar hacia esa taza al revés que es el cielo, no es más importante que tú y yo lo somos".]
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Jaculatorias (del latín ejaculare):
¡Gracias!: Gracias a Juan Goytisolo y a Omar Jayam, la Comedia pierde divinidad y lo divino tragedia.
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Macedonio también es una ensalada y un país al N.O. de Lesbos, masculinizados ¡como la inversión!
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"¿Pasaron de cowboys a cobayas?" (Luce dixit).
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Otro arrabalesco: El cabeza de familia (al dictado de la cabeza dura) juró sobre la cabeza de sus hijos (¿las cabezas de turco?). |