CIUDAD RODRIGO LA CEREMONIA FUNEBRE SE CELEBRO EN LA CAPILLA DEL CEMENTERIO

 

Enterrada en la intimidad la madre de Fernando Arrabal

El cadáver de Carmen Terán fue trasladado directamente desde Madrid, donde falleció

Familiares del escritor, el alcalde y varios ediles asistieron ayer al funeral


JUAN T. MUÑOZ CIUDAD RODRIGO

Carmen Terán, madre del novelista, dramaturgo y cineasta Fernando Arrabal, fue enterrada ayer en el cementerio de Ciudad Rodrigo tras una ceremonia celebrada en la intimidad, a la que asistieron los familiares y una representación municipal, encabezada por Javier Iglesias, alcalde mirobrigense.


Fernando Arrabal contempla la introducción del féretro en la sepultura.VICENTE


La madre de Arrabal falleció el día de Navidad en Madrid, localidad en la que pasó la mayor parte de su vida, tras los avatares que tuvo que sufrir durante la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra.


Carmen Terán, tras ser arrestado el padre de Fernando Arrabal por no respaldar el golpe militar del general Franco, se trasladó con sus hijos a Ciudad Rodrigo, donde residía toda la familia materna. En 1940, Fernando Arrabal y sus hermanos viajan a Madrid, donde ya estaba trabajando Carmen Terán. Unos años más tarde comenzaría el trasiego de Fernando Arrabal por varias ciudades españolas antes de recalar en París en 1955, ciudad en la que fija su residencia habitual.


Precisamente, Fernando Arrabal se enteró del fallecimiento de su madre en la capital francesa, desde donde se desplazó para llegar sobre el mediodía de ayer a Madrid y posteriormente viajó a Ciudad Rodrigo con el fin de dar el último adiós a su madre.


La ceremonia comenzó a las cuatro de la tarde y fue oficiada por el capellán del cementerio municipal en la capilla del camposanto. Javier Iglesias mostró su condolencia, en nombre de toda la Corporación y del pueblo mirobrigense, a la familia del escritor Fernando Arrabal, quien agradeció las muestras de ánimo recibidas en estos tristes momentos.


Arrabal siempre lleva consigo el nombre de Ciudad Rodrigo. Fue pregonero del Carnaval en 1986. Posteriormente, como agradecimiento a la difusión del nombre de Ciudad Rodrigo por todo el mundo, el Ayuntamiento le dedicó un paseo en torno a la muralla mirobrigense.

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La elegía de

Fernando Arrabal

a la muerte de su madre

La figura de la madre es uno de los grandes temas de la literatura universal. La madre representa para los escritores, en ocasiones, un excelente espacio creativo. Juan Ramón Jiménez o Edgar Allan Poe, en dos magníficos poemas, elogian a la mater por encima de cualquier divinidad, Baudelaire escribió su mejor prosa en las cartas a su madre, Kafka mantuvo una intensa relación creativa con Julie Lövy, su madre, y Bertolt Brecht, en Madre Coraje sitúa al personaje en lo más alto del drama. La madre muerta es un estadio más. Marcel Proust no comienza a escribir su obra maestra En busca del tiempo perdido hasta el fallecimiento de su madre. De hecho, así comienza su libro. Y Albert Cohen, en El libro de mi madre, escribe uno de los más bellos relatos del siglo XX dirigido a su madre ya muerta. Si es un privilegio dominical para este diario publicar semanalmente a Fernando Arrabal con su artículo Definiciones, jaculatorias y arrabalescos, también lo es, y con más razón, cuando el autor dedica ese espacio a desmenuzar su estado de ánimo ante la muerte de su madre, fallecida el pasado día de Navidad en Madrid. El escritor, con su estilo hermético y conciso, pone de relieve la brillantez de su literatura al enfrentarse a la muerte. El Arrabal más sincero, da rienda suelta a su ego metafísico -«más luz, dijo Goethe al morir»- más filosófico -«me enseña a vivir el que sabe enseñarme a morir»- o más crudo -«en Madrid una mano burocrática cerró definitivamente el ataúd (media hora antes de lo anunciado) impidiéndome besar a mi madre y despedirme de ella. ¡Definitivamente invisible!». El escritor, al que ya traumatizó muy joven la muerte (o desaparición) de su padre, descrita en Ceremonia por un teniente abandonado, cierra con este desgarrador escrito un capítulo de su literatura.

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del 7 de enero de 2001

Mensaje para CULTURA


de Fernando Arrabal

(Sátrapa del Collège de Pataphysique)

Definiciones, jaculatorias y arrabalescos

EN LA MUERTE DE MI MADRE

 

"Nuestros" fallecidos:

Seres idolatrados... para simplificar se dice que "murieron", como si cada uno fuera semejante a los demás.

Y, sin embargo, en el cementerio de Ciudad Rodrigo, a su alcalde Javier Iglesias (que acababa de perder a su hermano) y a mí, nos cayó súbitamente la misma losa... soltando las amarras.

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El Bien y el Mal:

Según El Génesis morimos desde que comimos la fruta del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Desde Jerusalén Ruth R. me consuela: "He pensado mucho en ti y en tu reciente ‘Carta de amor’ a tu madre". Y a ella ¿le consoló mi epístola?

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Ocultar la muerte:

Atentado contra la vida.

¿Intentamos ignorar aquel instante (¡tan arcaico ya!) en que la eternidad se transformaba en tiempo?

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Vivos:

Humanoides regidos por los muertos

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Reconciliación:

Acto que puede, con sencillez, suceder a la muerte.

El poeta lloró: "¿Donde están los que más quise? ¿Desaparecidos?"

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La Muerte:

Es el tiempo... y a la vez la llamada de la misma muerte.

La de mi madre también se inscribe en la Cronología y también solicita a la Historia. Los cuadrantes de los relojes de sol, fraccionados en horas y minutos, evocaban el tiempo moral.

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Reflexiones sobre la muerte:

Meditaciones individuales carentes de interés. Sobre lo esencial, sólo cuenta la inteligencia colectiva.

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Testamento:

Único discurso sobre la muerte que puede iluminarnos.

Las últimas voluntades de mi madre, cuando aparezcan, ¿sabremos interrogarlas? Su testimonio ¿nos invitará a comprender otros misterios? ¿Con qué revelación va a sosegarnos sobre la desaparición de mi padre?

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Agonía:

Período que se prolonga artificialmente en los hospitales provocando tragedias.

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Luto:

Signo exterior de dolor que la presión social tiende a eliminar.

Este fenómeno lleva consigo el retroceso de las ceremonias fúnebres y la deserción en los cementerios. Hace sesenta años por mi padre (a quien estando en vida, se le consideraba muerto) nos vistieron de luto. La muerte hoy no acarrea gastos de tintorería.

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Invisibles:

Todos los difuntos... y, sin embargo, les llamamos "ausentes".

En Madrid una mano burocrática cerró definitivamente el ataúd (media hora antes de lo anunciado) impidiéndome besar a mi madre y despedirme de ella. ¡Definitivamente invisible!

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Eutanasia:


Nombre con el que hoy conocemos a la posibilidad de morir ¡como ayer! Pero ahora ¿sería un crimen?

La verdad es una entidad abstracta que generalmente sólo se tolera disfrazada de locura.

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Escamoteo de la muerte:


Fenómeno que parece progresar con la llegada de neveras para fallecidos encerrados en sacos de plástico con cremallera.

Los ritos barrocos y las velatorios nocturnos van desapareciendo. ¿Los rechazamos instintivamente con un sentimiento de culpabilidad?

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Sedantes:

Fármacos y morfinas recetadas durante las postrimerías, para que puedan descansar los samaritanos.

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Frenesí terapéutico:

Empeño a causa del cual se gana un tiempo mediocre pagado con el dolor del agonizante.

Francisco Franco fue llevado al incómodo hospital (desde su confortable palacio) para conducir el gran-combate-inútil. Su existencia, entre la vida y la muerte, se prolongó durante el tiempo incierto de la interminable agonía.

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Cronistas del más allá:

Los únicos que sabrían hablar con conocimiento de causa de la muerte son... los difuntos.

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Secreto de la muerte:

Arcano que a todos pertenece y que ninguno conocemos.

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Trance de la muerte:

Último estertor que nos hace dudar de la inteligencia, de la memoria y de nuestra propia existencia.

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Óbito:

Instante en el que morimos y que no dura ni siquiera un segundo.¡Inefable!

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Cesar de existir:

¿Y si todos los fallecidos hubieran querido llegar los últimos en el postrero sprint al que todos estamos convocados?

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Incineración:

Expresión del repudio del luto.

El paso paulatino de la inhumación a la incineración (tan opuesta a la tradición judeo-cristiana) ¿manifiesta una pérdida de espiritualidad?

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Muerte en Madrid:

Tránsito que afrontaron estos tres último siglos dos millones de madrileños.

La mitad de ellos fueron adultos. Y muy pocos nonagenarios. A mi madre le faltaron seis años para llegar a centenaria. Y si mi padre estuviera en vida lo sería dentro de dos años.

*Jaculatorias :

"Más luz" dijo Goethe al morir ¿sin dar a ello ningún sentido espiritual como se asegura?

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¡Oh muerte paulina ! ¿en dónde se encierra tu derrota?

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¿Vivió hasta su muerte? "Yo ando en parecidos pasos. Nuestras vidas siguen corriendo paralelas" (me escribe Dragó).

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"Querida hermana muerte...". "Cuando algo concluye comienza algo nuevo" (me escribe G. E. Charif).

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Me enseña a vivir el que sabe enseñarme a morir.

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"Acompañé su muerte": quería decir que estuvo hasta el último instante con el agonizante.

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Hubo moribundos a los que la extremaución resucitaba como hoy el gota a gota remata, dolorosamente, a pinchazos.

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¿Por qué se muere? ¿Por qué murio tan pronto... o tan tarde? "El cementerio de Miróbriga tiene largas avenidas de cipreses ¿conducen a la eternidad?" (se pregunta el Marqués del Moral).

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Su esquela, con diez y siete faltas y gazapos, ¿anunció "tu estreno en orfandad"? (como sugiere J.A. Vizcaíno).

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Ojalá haya entrado en la muerte con lo ojos abiertos.

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¡Viva la muerte! gritaban anarquistas y legionarios ¿como antífrasis cuasi mística? ¿o como testimonio de nuestra común ignorancia del sentido de la vida?

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La muerte suprime toda gravedad a la vida

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Cuando iba a morir ¿se dijo: "¡al fin sabré!"? Pero su plañidera aseguró que ("¡ya muerta!") había gritado "sobrecogedoramente".

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Otro arrabalesco: Sólo en castellano escribimos de la misma manera "escatología" referida a las cosas excremenciales y "escatología" referida a la vida de ultratumba.

¡Que en paz descanses!

Fernando Arrabal
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