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Su conversación -«la conferencia es un
género literario»- es un hilo que se adentra en
el laberinto de las ideas para tensarse con un exceso de erres
cuando dice forrrr-mi-dable. Sus palabras -«me interesa
todo» - pasean en un zig-zag coherente que va de las vacas
locas a Pirandello, pasando por Dios, Platón, el ajedrez,
la teoría de los fractales, el baile de amor de las cucarachas,
Miguel Espinosa -«comparable a Proust,. Kafka y Joyce»-,
Pantani el Pirata o Arrabal -en varias ocasiones-. No lo dice,
pero podría decirlo: el laberinto soy yo.
«El teatro, la literatura, es todo lo que quiero decir
y todo lo que quiero callar. La escritura es un sufrimiento y
un placer. Mi único partido tiene un sólo militante
y cuando me muera se disolverá. Pensar es dialogar con
uno mismo pero ahora tengo un webo: arrabal.org. De orgía,
orgasmo y, sobre todo, de organización», argumenta.
«Estamos asistiendo a un renacimiento de la física,
la filosofía y las matemáticas..., y también
del teatro y la literatura. Nos interesa la ciencia por la ambigüedad
y por uno de sus avatares llamado confusión. Vanguardia
se une a provo-cación y escándalo, que en griego
significa trampa en la que se cae.
«Me reencarnada en una
cucaracha enamorada, es apasionante el baile nocturno de amor
que realizan esos insectos» |
¿Alguien se puede imaginar a Breton o Magritte intentando
hacer trampas? Desde el dadaísmo hasta la actualidad,
los artistas sólo han tratado de hacerlas cosas un poquito
mejor», arguye Arrabal. «La provocación es
misteriosa. Mi película Viviré como un caballo
loco ha sido prohibida recientemente en la televisión
canadiense. Yo no quiero provocar, sólo quiero mantenerme
al margen de cualquier poder. Escribo como se crea un himno de
amor. La modernidad tiene dos pilares: la moral no existe y en
el arte y en el amor todo es posible», recalca. Y añade:
«Lo úinico que prefiero al sexo es el seso».
«Estamos viviendo una época forrrr-mi-dable en sus
tres acepciones: grande, hermosa y que causa miedo. Se ha anunciado
la muerte de los dioses y es cierto..., es aterrador estar solo
y por eso la última tertulia que se celebra en Paris tiene
lugar en mi casa; allí acude gente que quiere ser dioses
con dios..., yo no porque soy modesto. Nos proponemos un tema,
bebemos buenos vinos y hablamos de cosas como Humanoides,
humanistas e informática». «Es un buen tiempo
para la cultura precisamente porque nunca hubo peor época.
La cultura uene la suerte de estar en las catacumbas. Los medios
de comunicación han reducido su espacio..., hay cosas
muchísimo más mteresantes y de actualidad, como
el fútbol, lady Di o películas como Titánic
o Mamá he perdido el avión Ya nadie nos vigila
y por eso se están realizando cosas tan apasionates en
el mundo misterioso, sagrado y profano, del arte». Asegura
que el ajedrez no es como la vida. «El ajedrez es la vida»,
remacha. «Mi gran frustración es no haber sido campeón
de ajedrez». Y está apasionado con asuntos como
las matemáticas frac-tales -«cuando se creó
la teoría de conjuntos surgieron países como Yugoslavia
ola URSS, con los frac tales tenemos Bosnia o Chechenia>-
o el mal de las vacas locas, «básico para entender
este mundo». «La aambigüedad, que rodea todas
las disciplinas, ha logrado ya adentrarse en el espacio de la
biología molecular. Surge una enfermedad que al parecer
la origina un prión, algo que nunca se ha visto y posiblemente
no se verá; es una hipótesis, el último
avatar de la confusión. Jamás he dicho que esté
a favor de la confusión, pero está ahí...,
sin ambigüedad no hay vida. No me interesa el caos, que
es matemático y titánico, sino lo divino. Dios
actúa con confusión, incluso con confusión
cómica».
Lo único cierto es que, de reeencarnarse, le gustaría
reaparecer en algo bello como «una cucaracha enamorada».
«Es apasionante el baile de amor loco entre la cucaracha
y el cucaracho..., sus noches de amor son únicas, poderosas,
her-mosas y bestiales». .
Prepara la edición en castellano de su última novela,
El funám-bulo de Dios. «La historia de un experto
en informática, muy relígíoso. Queda totalmente
inmóvil como una especie de legumbre, y vivé una
especie de tórrido paraíso o infierno sexual con
dos enfermeras, que le hace vacilar entre lo sagrado y lo profano».
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