|
La vida de Fernando Arrabal transcurre entre Dios y
el diablo, la desaparición de su padre y la pasión
por el ajedrez, la ciencia y el arte. Como no puede parar de
crear, de improvisar, su persona-lidad se ha proyectado tanto
hacia la literatura como hacia el cine o el arte pictórico.
Más conocido en España por su excentricidad que
por una obra extensa y brillante hasta apabullar, él asegura
que «me llaman genio, pero quiero ser un santo, y un quijote
como mi padre».
¿Hasta qué punto las tres películas que
se proyectan en Vitoria son un conjunto representativo del Arra-bal
cineasta?
-Todas y cada una de ellas son re-presentativas de mi cine, que
últi-mamente se está viendo en festi
vales en Seúl, Chicago o La Rochelle. Tengo en alto prestigio
al cine, que es la poesía de hoy
-Pronuncia una conferencia, 'Magín e imagen'. ¿Acostumbra
a improvisarlas?
-Toda creación es siempre espon-tánea. No se puede
imaginar que por la voluntad podemos trans-formar el pene en
falo. La creación no se puede programar. Cinco minutos
antes de la creación de la teoría de la relatividad,
Eins-tein no sabía nada de ella.
-Hablando de ciencia, ¿qué le pare-ce la presentación
del mapa del genoma humano como una pana-cea?
-En la historia de la Humanidad ha habido muchas panaceas, que
han sido mistificadas con el tiem-po. No puedo vaticinar lo que
va a suceder. La mayoría de los bió-logos moleculares
está dubitativa
al respecto. Sería más interesan-te dedicarse a
enfermedades como la de las 'vacas locas'.
-¿Podría clonarse a autores como Cervantes o
Shakespeare?
-No puedo imaginar dos seres iguales, pese a su exactitud gené-tica.
La historia, la erudición, el marco en que están
colocados les hace completamente diferentes. Seria más
interesante ese programa del que hablan todos...
-¿'EL Gran Hermano'?
-Si, no lo he visto. Me gusta porque no lo conozco y tengo fe
en él. Puedes creer en lo que no ves. Sería más
interesante que se clonara a los personajes, que se les multiplicara,
que es una forma de eliminar. Y que cada día, a peti-ción
de las fuerzas vivas del país se pudieran hacer, de cada
uno varios. Me parece maravilloso.
-¿Como un niño mira un hormiguero en un
terrario?
-Nosotros teníamos gusanos de seda que se transformaban
en ma-riposas. Sería ideal aislar aún más
a estas personas, y poner a cada uno únicamente en contacto
con Dios y con el diablo y se convir-tieran en monjes trapenses.
Un día me compraré una televisión y lo veré.
-¿Se resiste a tener televisión?
-No, es como el coche. Mis amigos tienen y me llevan, y me
cuentan lo que pasa en televisión. Aquí la gente
habla mal, para compensar de un programa que creo que es tan
bueno desde el punto de vista mora1. Va a ser un momento curi-oso
si sigue este sistema diabóli-co y se asesinan entre ellos.
-Ese juego entre Dios y el diablo remite a su reciente novela
tLevi-tación', donde un paralítico puritano está
rodeado por el pecado.
-No es un juego, sino una situa-ción límite.
Yo no sabía qué iba a ocurrir en mi novela con
un puri-tano español, cristiano, de van-guardia,
hombre Internet, un gran reaccionario, y dos mujeres que no son
frustradas y dos hombres, que son sus grandes hermanos.
-¿Hay un punto de crueldad en el autor al llevarle
a los infiernos?
-Yo no obligo, quiero ver lo que puede suceder. Es como el
'Gran Hermano', que supongo que va a terminar en una escena porno-gráfica
seguida de un crimen. Si hubiera Dios, como espero, sal-drían
todos dirigidos hacia un monasterio japonés.
'Excrementos del diablo'
-Ha buscado a su padre, evadido de una prisión
franquista, durante años.
-Durante 59 años.
¿Continúa todavía?
-Es una gran decepción de mi vida. La búsqueda
es constante y su presencia en mis pesadillas. El periódico
'Liberation' de París ha publicado mi diario y ahí
apare-cen siempre la represión, la Gue-rra Civil, Franco
y la fuga. de mi padre. Es un personaje 'donqui-jotesco', que
aborda la gran bon-dad. La gente dice que soy un genio, y a mi
me gustaría ser un santo, y un quijote como mi padre.
-La presencia de la Virgen en su vida, ¿es algo que
la gente no ha aceptado ni entendido?
-Se ha deformado y enriquecido, por amor quizás a
mi. Yo tuve una aparición de la Virgen María con
18 años, algo inmerecido y de lo que me siento orgulloso.
Los esta-linistas que hoy dirigen el Ateneo de Madrid me dijeron:
'¿Cómo es posible que veas a la Virgen todas las
noches?'. Hoy sería difícil que se me apareciera,
porque creo que soy agnóstico, pese a mis tentativas por
dejar de serlo.
¿El hecho de ser un autor tan representado en el mundo
le convierte en ampliamente remunerado?
-Es una cosa alarmante en mi vida. Los excrementos del diablo,
el dinero, siempre me han caído por todas partes, de una
manera inmerecida. Me gustaría más ser como Rímbaud
o Emmanuel Kant, que no ganaron nunca nada. En ese aspecto, el
diablo se ha pre-sentado como un hada madrina. Y cada vez más,
con tantas obras en tantos países del mundo, y no todos
son tan reacios a mi teatro como...
-¿Como este?
-En ese terreno, sí. Pero España me trata con
excesivo amor. No hacer mis obras comercialmente, que mis libros
no sean 'best sellers', es una parte de ese amor, algo que puedo
agradecer a este país. Me aleja del diablo.
-¿No es una pose un tanto cínica?
-No, no, se lo digo, de verdad. No creo que quede más
eco de mí, ni de usted, ni de nadie que el que deja un
pájaro al volar. A mi edad, el ideal es prepararme a bien
mo-rir, dentro de cien años, de trein-ta. Y, si es posible,
morir santo y desinteresada. Es una lección.
-¿Termina por asumir calificativos como 'transgresor'
o 'provocador'?
-Es un gran misterio. Algunas cosas llegaron a provocar o
escan-dalizar cuyo origen griego es una trampa en la que se cae'.
Mis editores siempre quieren que cause escándalo con mis
libros, ¿cómo pueden ser tan inocentes de pen-sar
que se puede forzar?
-Por ejemplo, cuando improviso su discurso con un baile en
el premio Mariano de Cavia...
-Oí el discurso, tan elogioso, de Camilo José
Cela, y el del Rey Todo era tan grande que yo no podía
terminar con otro discurso. Por eso dije que prefería
bailar como si Zaratustra o Dios me hu-biesen enseñado.
Y eso, hice.
|