RAFAEL LAZA
Alguien dijo de él que Fernando Arrabal (Melilla,
1932) sólo podía parecerse a sí mismo, ajeno
a que al dramaturgo melillense poco le importa la genialidad.
Arrabal quiere llegar a ser un santo, un ser bondadoso «como
la portera de mi casa y el obrero español fresador»,
sin otra aspiración que la de dejar el eco de un pájaro
cuando vuela. Ayer sobrevoló la capital alavesa
para mostrar en el XV Festival Audiovisual de Vitoria una de
sus múltiples facetas: la de realizador de cine.
- Ultimamente se le ve intere-sado por Internet, del que obser-va
debilidades, ¿como cuáles?
- Evidentes, puesto que es incapaz de creer en Dios o en Jehová.
No tiene acceso a una par-te importante de las riquezas que tenemos
los seres humanos, como la bondad. Está castrado por muchas
cosas y está sujeto tam-bién a muchas enfermedades
vio-lentas: virus, apagones...
- Considera que la nueva era que anuncia Internet puede provocar
el dominio de la máquina sobre el hombre?
- Yo puedo leer las líneas de la mano, y se ha recogido
mucho que leí las líneas de la mano del Rey en
una cena. Pero soy incapaz de leer el porvenir. Su pregunta me
interesa porque es la gran pre-gunta de la ciencia y de la litera-tura
de hoy: ¿Qué será el porvenir? Se pueden
establecer ecuaciones matemáticas para comprender por
qué la Bolsa está aquí o allá en
este momento, o por qué se ha llegado a creer en Dios,
pero no podemos saber qué va a suceder mañana.
- Usted escribe, pinta, realiza películas, ¿se
considera un crea-dor de profesión?
- La creación es un acto tan espontáneo como esta
entrevista, en la que todo lo que usted ha pre-parado no puede
surgir, al igual que lo que yo hubiera podido pre-parar. En realidad,
la creación es como el pene, no podemos tener un acto
de voluntad de decir que el pene se va a transformar en un palo.
La creación es un acto espontáneo, por eso cada
vez que hago una entrevista o una conferencia las preparo, pero
luego el acto es espontáneo. Yo le pedí al Rey
en una conferencia bailar en vez de hacer la conferencia, y resultó
muy bien, pero más adelante se me pidió que bailara
en otra y que-dé muy mal.
- Dicen que Fernando Arra-bal sólo puede parecerse así
mis-mo. ¿Una obviedad o un halago?
- La tentación que siempre ha habido es la de decir que
soy un genio. Pero yo aspiro a ser un san-to, a tener bondad,
como el mundo
de mi portera o del obrero español fresador. Conozco una
gata ciega y sorda que es una santa. Genio, en realidad, todos
somos genios.
- Hábleme de las películas que va a presentar en
el festival audiovisual.
- Yo he hecho siete películas, y me gusta mucho el cine,
porque es una actividad poética, concebida como yo la
concibo, e incluso
- concebida como la concibe Buñuel. En mí, la espontaneidad
surge entres terrenos, en el de la percepción de la película,
en el de la filmación y en el momento del
montaje, todo ello presidido por el azar y la confusión.
La séptima es muy especial, y pedí a los produc-tores
que no se exhibiera nunca en salas comerciales.
- ¿Por qué?
- Es un oráculo poético, mi mejor película,
y no creo que deba soportar una carrera comercial, por eso nunca
se ha hecho en salas mayores de 200 espectadores, y siempre con
mi presencia. Me lla-ma la atención que mis películas
sean comerciales. Viva la muerte está en tercera
posición entre las películas españolas que
más éxito han tenido.
- ¿Ya qué atribuye este éxito?
- En realidad mi mundo es muy especial, y por el hecho de ser
tan arrabalesco resulta universal. De vez en cuando salta la
liebre, y no se sabe porqué. Pero no aspi-ro a tener más
eco que el de un pájaro en el aire, cuando vuela, a mime
gustaría ser santo, eso si me gustaría ser, pero
hay que tener un duende.
- ¿Usted no tiene ese duende?
- Yo quisiera tenerlo, y a lo mejor lo voy a tener un día,
aunque no se puede aprender nada, ni siquiera el ajedrez.
- ¿Qué le parece el fenómeno social que
ha desatado la emisión de El Gran Hermano?
- Yo no lo he visto, pero me lo ha contado mi chófer,
y me parece interesante, quizás una de las cosas más
interesantes que se han visto en este país, aunque me
pare-cería más interesante si estuvie-sen encerrados
en celdas, en úni-co contacto con la divinidad y el diablo.
Se tendrían que hacer monjes de clausura, aunque no están
clausurados, ¿no?
- No, están en un chalé con piscina.
- ¿Ah, sí? Bueno, pero se pue-de mejorar. Me gustan
los saine-tes, el guiñol, todo lo sórdido
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