Fernando Arrabal dejó ayer en León
huella de su indiscutible y controvertida personalidad a lo largo
de una conferencia que versó sobre el ajedrez, pero que
se fue desviando hacia otros temas
L. CASTELLANOS
LEON. «Es un contubernio pornografico inexistente como
la Atlántida». Así contestó Arrabal
ayer cuando se le preguntó sobre las vinculaciones existentes
entre el ajedrez y la creación artística. Ya antes,
a lo largo de una conferencia incluida en el programa de actividades
paralelas al Torneo Magistral de Ajedrez de León, el escritor
soltó alguna de esas perlas que han ido tejiendo
su propia leyenda. La verdad es que él, poco antes de
dar comienzo a su alocuación en el Aula Magna del Pabellón
de Gobierno de la Universidad de León, no tenía
muy claro de qué iba a hablar, <pos¡blemente
de ajedrez». Al acabar reconoció que «mi conferencia
iba a versar sobre el genio, el ingenio y el ingenuo, pero como
ha asistido un profesor de matemáticas he preferido hablarles
a ustedes de ajedrez y matemáticas».
En ningún momento de la conferencia, que pronunció
de pie, sin micrófono y recurriendo a un estilo descarada
y estudiadamente teatral, abandonó el uso de la ironía,
ni siquiera cuando hizo un reproche a un miembro del público.
«No le molesto señorita, puede seguir hablando».
Arrabal habló y habló cerca de una hora, contestó
algunas preguntas y sentenció en algunos momentos. «Tengo
piernas, no raíces». «El acto de creación
es un acto que no se puede gobernar. Es como el pene. No podemos
convertirlo con voluntad en falo». «La inteligencia
es el arte de servirse de la memoria». «La imaginación
es el arte de combinar los recuerdos»... Tomando como excusa
el ajedrez, Arrabal se adentró por temas de hondo calado.
«El ajedrez es la esencia de lo inútil y lo sabio»,
recalcó, al mismo tiempo que destacaba la importancia
que su padre, cuya desaparición tras ser condenado a muerte
le obsesionó durante tanto tiempo, y el mítico
jugador Bobby Fischer han tenido en su vida. «Se comportaron
como héroes en momentos capitales. El mundo es todavía
interesante hoy porque quedan mártires que no comulgan
con los borregos. Sin embargo, Fischer ha acabado convirtiéndose
en un racista, algo nefasto para mí».
Arrabal, uno de los nombres de privilegio del denominado teatro
del absurdo y poseedor de una vasta y destacada producción
literaria, valoró la evolución del ajedrez, al
tiempo que la del propio mundo, y caracterizó algunos
de sus estadios. «Vivimos actualmente una época
formidable en su triple acepción: bella, hermosa y que
da miedo. El ajedrez y las matemáticas lo muestran mejor
que nadie». Así, relacionó teorias matemáticas,
como la de conjuntos o la de motivos, con el devenir de los tiempos
e incluso extrapoló alguna de ellas a la propia realidad.
«El ajedrez ha presidido la geopolítica de este
último siglo. Han existido conjuntos absurdos como Yugoslavia
o Checoslovaquia». «En el ajedrez, lo más
importante no son el rey y la reina, sino los peones, el hombre»,
añadió.
«Los conjuntos en el ajedrez también se imponen».
«En el ajedrez está el Dios nistcheziano».
«El torneo de León resulta capital porque alía
la informática, algo odiado ahora mismo, con la inteligencia.
La verdad es que constituye un motivo de aliciente artístico».
Arrabal rondó la hora de intervención y no paso
inadvertido. Hizo evidente su condición de genio y figura
y no defraudó. «¿Seguro que quieren hacer
más preguntas? ¿No les apetece irse a dormir la
siesta?».
Fernando Arrabal, tras ser presentado, abandonó la mesa
que ocupaba junto a sus anfitriones y, colocándose en
primera fila y obviando cualquier tipo de formalismo, hizo recuento
de anécdotas y reflexiones personales. También
tuvo tiempo para hablar de Kasparov, «le miro con nostalgia
y simpatía pensando en el momento en que calga y deje
de repartir ayudas y subvenciones; es un hombre que sufre como
un poeta», para recordar la carta que Beckett mandó
al gobierno franquista para que se le liberara de la cárcel
tras la famosa Carta al general Franco, «pedía
que me liberasen porque era mucho lo que tenía que sufrir
y nadie debía añadir nada más a mi propio
dolor», para hacer uso del sarcasmo contra aquellos que
le criticaron por cuestionar a Fidel Castro, «ahora me
dicen que debía haber sido más duro», y,
también, para reconocer las contradicciones que su figura
despierta. «Siento placer comprobando la confusión
que existe sobre mí. Una de las peores cosas que existen
es que haya un escritor que hable de ajedrez».
El humor de Arrabal se manifestó continuamente en su conferencia,
incluso cuando derribó unos ornamentos del Aula Magna
y a punto estuvo de caerse. «Ha sido la emoción».
En algunos momentos su alocución, que no perdió
jamás la amenidad, se desbordaba y seguía caminos
insospechados. «Es normal que estando rodeado de mafias,
haya federaciones mafiosas». «El ajedrez entra en
el colegio de la patafísica, gran motor de la física
y la inutilidad». «Todas las cosas tienen el nombre
que tienen que llevar como si fueran de Shakespeare o de Cervantes».
«Les agradezco que hayan tenido el valor de venir».
Rieron las primeras palabras que Arrabal dirigió a su
público leonés. Luego, tuvo tiempo para tocar todo
tipo de palos y poner de manifiesto su siempre controvertida
y nada dócil personalidad.
«En España
creen mis mentiras»
Fernando Arrabal no decepcionó su paso
por León.
La totalidad de la obra teatral de Fernando Arrabal, que acaba
de publicar dos novelas en España, «Ceremo-nia por
un teniente abandonado»; en Francia, «Le funam-buie
de Dieu»-, fue pu-blicada en dos volú-menes de dos
mil pá-ginas. «Como si eso, fuera importante»,
dijo él ayer en León. Sin embargo, eso pone de
manifiesto la enorme envergadura de una producción li-teraria,
en la que se ci-tan todo tipo de géne-ros, que a veces
queda minimizada por el ca-rácter controvertido y polémico
del escritor. «En España se me quiere tanto que
puedo decir cualquier mentira, ya que todo el mundo se la cree»,
ironizaba en el trans-curso de una confe-rencia en la que insis-tió
en las relaciones que tuvo con autores como Beckett, Octa-vio
Paz, Ionesco, Vi-cente Alexandre, Cela o Jean Gênet. Este
último se sentía frus-trado con el español
porque nunca podía ganarle al ajedrez. «Voy a pedirle
a Dios y a la Virgen que me concedan el deseo de derrotarle».
Recor-daba ayer Arrabal las palabras que le dijo el dramaturgo
francés, que según él había aprendido
a jugar en la cárcel, y la contesta-ción que le
dio. «Pero, ¿cómo vas a hacer eso si tú
eres ateo abso-luto?».
La intervención de Arrabal en León es-tuvo teñida
de anécdo-tas, «ya sé que esto es lo que
más les gusta», y durante la misma se advirtió
la pasión que siente por el ajedrez. «Con algunos
de esos escritores yo mantenía una relación a través
del ajedrez. Siempre me ha interesado. Hice todo lo posible por
ser un buen juga-dor, incluso se lo pedí a Dios, pero
al final no pudo ser».
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