CONFERENCE:

el 4 de junio de 2000

GENIO Y FIGURA / ARRABAL, UN ALICIENTE MAS DEL MAGISTRAL DE AJEDREZ


«El acto de creación no se puede
gobernar. Es como el pene»

Fernando Arrabal pronunció ayer en León una conferencia
donde puso de manifiesto su indomable carácter

 

Fernando Arrabal dejó ayer en León huella de su indiscutible y controvertida personalidad a lo largo de una conferencia que versó sobre el ajedrez, pero que se fue desviando hacia otros temas

L. CASTELLANOS


LEON. «Es un contubernio pornografico inexistente como la Atlántida». Así contestó Arrabal ayer cuando se le preguntó sobre las vinculaciones existentes entre el ajedrez y la creación artística. Ya antes, a lo largo de una conferencia incluida en el programa de actividades paralelas al Torneo Magistral de Ajedrez de León, el escritor soltó alguna de esas perlas que han ido tejiendo su propia leyenda. La verdad es que él, poco antes de dar comienzo a su alocuación en el Aula Magna del Pabellón de Gobierno de la Universidad de León, no tenía muy claro de qué iba a hablar, <pos¡blemente de ajedrez». Al acabar reconoció que «mi conferencia iba a versar sobre el genio, el ingenio y el ingenuo, pero como ha asistido un profesor de matemáticas he preferido hablarles a ustedes de ajedrez y matemáticas».
En ningún momento de la conferencia, que pronunció de pie, sin micrófono y recurriendo a un estilo descarada y estudiadamente teatral, abandonó el uso de la ironía, ni siquiera cuando hizo un reproche a un miembro del público. «No le molesto señorita, puede seguir hablando». Arrabal habló y habló cerca de una hora, contestó algunas preguntas y sentenció en algunos momentos. «Tengo piernas, no raíces». «El acto de creación es un acto que no se puede gobernar. Es como el pene. No podemos convertirlo con voluntad en falo». «La inteligencia es el arte de servirse de la memoria». «La imaginación es el arte de combinar los recuerdos»... Tomando como excusa el ajedrez, Arrabal se adentró por temas de hondo calado. «El ajedrez es la esencia de lo inútil y lo sabio», recalcó, al mismo tiempo que destacaba la importancia que su padre, cuya desaparición tras ser condenado a muerte le obsesionó durante tanto tiempo, y el mítico jugador Bobby Fischer han tenido en su vida. «Se comportaron como héroes en momentos capitales. El mundo es todavía interesante hoy porque quedan mártires que no comulgan con los borregos. Sin embargo, Fischer ha acabado convirtiéndose en un racista, algo nefasto para mí».
Arrabal, uno de los nombres de privilegio del denominado teatro del absurdo y poseedor de una vasta y destacada producción literaria, valoró la evolución del ajedrez, al tiempo que la del propio mundo, y caracterizó algunos de sus estadios. «Vivimos actualmente una época formidable en su triple acepción: bella, hermosa y que da miedo. El ajedrez y las matemáticas lo muestran mejor que nadie». Así, relacionó teorias matemáticas, como la de conjuntos o la de motivos, con el devenir de los tiempos e incluso extrapoló alguna de ellas a la propia realidad. «El ajedrez ha presidido la geopolítica de este último siglo. Han existido conjuntos absurdos como Yugoslavia o Checoslovaquia». «En el ajedrez, lo más importante no son el rey y la reina, sino los peones, el hombre», añadió.
«Los conjuntos en el ajedrez también se imponen». «En el ajedrez está el Dios nistcheziano». «El torneo de León resulta capital porque alía la informática, algo odiado ahora mismo, con la inteligencia. La verdad es que constituye un motivo de aliciente artístico». Arrabal rondó la hora de intervención y no paso inadvertido. Hizo evidente su condición de genio y figura y no defraudó. «¿Seguro que quieren hacer más preguntas? ¿No les apetece irse a dormir la siesta?».
Fernando Arrabal, tras ser presentado, abandonó la mesa que ocupaba junto a sus anfitriones y, colocándose en primera fila y obviando cualquier tipo de formalismo, hizo recuento de anécdotas y reflexiones personales. También tuvo tiempo para hablar de Kasparov, «le miro con nostalgia y simpatía pensando en el momento en que calga y deje de repartir ayudas y subvenciones; es un hombre que sufre como un poeta», para recordar la carta que Beckett mandó al gobierno franquista para que se le liberara de la cárcel tras la famosa Carta al general Franco, «pedía que me liberasen porque era mucho lo que tenía que sufrir y nadie debía añadir nada más a mi propio dolor», para hacer uso del sarcasmo contra aquellos que le criticaron por cuestionar a Fidel Castro, «ahora me dicen que debía haber sido más duro», y, también, para reconocer las contradicciones que su figura despierta. «Siento placer comprobando la confusión que existe sobre mí. Una de las peores cosas que existen es que haya un escritor que hable de ajedrez».
El humor de Arrabal se manifestó continuamente en su conferencia, incluso cuando derribó unos ornamentos del Aula Magna y a punto estuvo de caerse. «Ha sido la emoción». En algunos momentos su alocución, que no perdió jamás la amenidad, se desbordaba y seguía caminos insospechados. «Es normal que estando rodeado de mafias, haya federaciones mafiosas». «El ajedrez entra en el colegio de la patafísica, gran motor de la física y la inutilidad». «Todas las cosas tienen el nombre que tienen que llevar como si fueran de Shakespeare o de Cervantes».
«Les agradezco que hayan tenido el valor de venir». Rieron las primeras palabras que Arrabal dirigió a su público leonés. Luego, tuvo tiempo para tocar todo tipo de palos y poner de manifiesto su siempre controvertida y nada dócil personalidad.

 

«En España creen mis mentiras»

Fernando Arrabal no decepcionó su paso por León.

La totalidad de la obra teatral de Fernando Arrabal, que acaba de publicar dos novelas en España, «Ceremo-nia por un teniente abandonado»; en Francia, «Le funam-buie de Dieu»-, fue pu-blicada en dos volú-menes de dos mil pá-ginas. «Como si eso, fuera importante», dijo él ayer en León. Sin embargo, eso pone de manifiesto la enorme envergadura de una producción li-teraria, en la que se ci-tan todo tipo de géne-ros, que a veces queda minimizada por el ca-rácter controvertido y polémico del escritor. «En España se me quiere tanto que puedo decir cualquier mentira, ya que todo el mundo se la cree», ironizaba en el trans-curso de una confe-rencia en la que insis-tió en las relaciones que tuvo con autores como Beckett, Octa-vio Paz, Ionesco, Vi-cente Alexandre, Cela o Jean Gênet. Este último se sentía frus-trado con el español porque nunca podía ganarle al ajedrez. «Voy a pedirle a Dios y a la Virgen que me concedan el deseo de derrotarle». Recor-daba ayer Arrabal las palabras que le dijo el dramaturgo francés, que según él había aprendido a jugar en la cárcel, y la contesta-ción que le dio. «Pero, ¿cómo vas a hacer eso si tú eres ateo abso-luto?».
La intervención de Arrabal en León es-tuvo teñida de anécdo-tas, «ya sé que esto es lo que más les gusta», y durante la misma se advirtió la pasión que siente por el ajedrez. «Con algunos de esos escritores yo mantenía una relación a través del ajedrez. Siempre me ha interesado. Hice todo lo posible por ser un buen juga-dor, incluso se lo pedí a Dios, pero al final no pudo ser».