ARTICLE SUR ARRABAL:

17 de agosto de 2000

 

Fernando Arrabal:

"La genialidad no es meritoria: hay que tomar el camino de la santidad"

 

LIBROS El polifacético Fernando Arrabal acudió ayer a Zaragoza para recibir un homenaje de sus amigos y pronunciar una conferencia. El escritor quita importancia a la genialidad porque es una virtud «al alcance de cualquiera»


Foto: Oliver Duch


Arrabal aseguró ayer que posiblemente «Borges: una vida de poesía» sea la
última película que dirija

SUSANA C. MIRALBES Zaragoza
No acoge de buen gusto que le tachen de «genio» porque esta es una
categoría intelectual «que está al alcance de cualquiera, es una cosa que
viene dada y que no es en absoluto meritoria». El polifacético, provocador
e inclasificable novelista, poeta, dramaturgo, director de cine... Fernando
Arrabal, que acaba de cumplir 68 años, aspira a convertirse en un hombre
bueno, a tomar «el camino hacia la santidad».
Arrabal, que visitó ayer Zaragoza para recibir un homenaje y ofrecer una
conferencia, cree que la genialidad reside en la inteligencia y «la máxima
prueba de inteligencia es tener una actitud bondadosa». Una persona buena
«puede desarrollar su imaginación», que no es más que una sencilla
«combinación de los recuerdos que cada uno tiene en la memoria».
El escritor melillense cree que la bondad es una cualidad que ha pasado de
moda porque ahora «se lleva más el arribismo, y hay demasiado arribista
para poco arribaje, creo yo». Defiende la bondad como «rasero para medir a
la gente que se ha cruzado en nuestras vidas». «Las personas que me han
rodeado podrían dividirse en dos categorías: aquellas que han sido
capitales en mi formación y las que podrían tacharse de "maestros de
picardías"». En el primer grupo Arrabal incluye a su padre, Kafka, Kundera
o André Breton y, en el segundo, a Dalí, Picasso o Beckett, entre otros
muchos.
Obsesionado por la búsqueda de la santidad que pregona, Arrabal se plantea,
entre otras cosas, dejar de dirigir películas. La dirección cinematográfica
es un ejercicio que tiene mucho de mecánico. Además, requiere 24 horas de
trabajo al día durante todo un año y acarrea mucha tensión». En ese tiempo
Arrabal dice ser capaz de escribir al menos cuatro libros.

La mecánica del cine

Su última película, la séptima, se proyectó ayer en el centro cultural de
la CAI. «Borges: una vida de poesía» recopila varias entrevistas con el
autor argentino, al que Arrabal quiere rendir homenaje. En esta cinta, el
autor de «El Aleph» explica algunos de los secretos de la creación
literaria y expone los criterios que comparte con el director de la
película. «La creación es algo espontáneo, pero siempre fruto de la
frustración. Nadie es capaz de escribir cuando está enamorado porque se
escribe siempre sobre una "materia de frustración". Al menos, en mi entorno
no conozco a nadie que, siendo feliz, sea capaz de crear», asegura.
«Cementerio de automóviles», una de sus obras más conocidas e
interpretadas, se reestrenará próximamente en el Festival Internacional de
Teatro de Santander, y después llegará a Zaragoza, tras muchos años ausente
de los escenarios profesionales. La puesta en escena de la obra de la
compañía del Centro Dramático Nacional ha sido «uno de los acontecimientos que más me han emocionado este año». El montaje, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente, ha llenado a Arrabal de «esperma espiritual». «He visto la obra más de cien veces en varios países, pero me he dado cuenta de que nunca había visto a los personajes y escuchado la historia hasta que vi los ensayos de los actores españoles. No podía parar de llorar y de reír, estuve realmente emocionado todo el tiempo».

Un célebre desconocido

El escritor melillense, que vive en París desde hace medio siglo, cree que
en nuestro país se le «acoge con más cariño del que me merezco». Destaca la
celebridad de la que goza, al mismo tiempo que reconoce que «los españoles
no me conocen porque aquí no se leen mis libros y tampoco saben que hago
películas, por ejemplo».
«En España soy célebre, pero desconocido. Hay gente que me para en la calle
pero no sabe si soy actor o cantante, al contrario de lo que me pasa en
Francia o Estados Unidos, donde no soy célebre, pero sí conocido».
Sobre su último libro publicado, «Levitación», una novela en la que un
puritano religioso y paralítico se ve rodeado de los eróticos cuidados de
dos abnegadas jóvenes y de dos homosexuales que le inician en los que
considera «los pecados más aberrantes», Arrabal reconoce su derrota. «He
batido el récord», dice, «ni siquiera he llegado a vender la primera
edición, creo que no lo ha comprado nadie o nadie lo ha leído, la crítica
ha sido feroz, y ha pasado totalmente desapercibido», señala. Sin embargo,
el autor defiende el texto porque «es un libro místico y como todo libro
místico es un libro de amor».

Al margen de la polémica

Arrabal rechaza que lo califiquen de polémico «porque, como el origen
griego de la palabra refleja, ese adjetivo está destinado a aquéllos que
ponen trampas a los demás y yo, a mi edad, ya no estoy para poner trampas a
nadie. Creo que no lo he estado en toda mi vida», se explica. «Siempre he
intentado no provocar, ser conformista», comenta este autor teatral
representado en todo el mundo. Arrabal opina que sus obras «tienen más
éxito del debido porque mis colegas, los grandes como Beckett, han muerto».

Este agnóstico y místico que reza todos los días «con la esperanza de ser
tan feliz como lo fui a los 18 años», que de niño fue premio nacional
«superdotado», ha recibido a lo largo de su carrera el premio Nadal y el
Nabokov de novela, el Espasa de ensayo, el Alessandro Manzoni de Poesía o
el Gran Premio del Teatro de París.
Fernando Arrabal tiene una agenda plagada de citas, conferencias y
estrenos, pero cree que todo su trabajo que, de momento, asume «es contra
natura». «Cualquier día colgaré todo y me iré a Estados Unidos a cantar y
bailar como Zaratustra, para obedecer a mi propia naturaleza».