THEATRE:

Viernes 29 de Septiembre de 2000

 

Pérez de la Fuente recupera al Arrabal maldito de 'El cementerio de automóviles'


El Teatro Calderón abre la temporada con el último montaje del Centro Dramático.


Angélica Tanarro.
«No podemos empezar el siglo -ahora sí- dejándonos en la cuneta a uno de nuestros clásicos vivos». Así explica Juan Carlos Pérez de la Fuente, director del Centro Dramático Nacional, su decisión de montar 'El cementerio de automóviles' de Fernando Arrabal. El montaje, estrenado en Cantabria, abre en Valladolid la temporada del teatro Calderón y también la gira que realizará la obra hasta su llegada al Teatro María Guerrero de Madrid.
El director del Centro Dramático Nacional, Juan Carlos Pérez de la Fuente, se sacudió la pereza y el miedo que supone estrenar a un autor vivo si, además, tiene la personalidad de Arrabal. Para él no es casualidad que su teatro se haya representado poco en España -la última vez que lo hizo el Centro Dramático Nacional fue hace 17 años-. «Es más cómodo estrenar a los muertos -afirma contundente- porque no protestan. Y sobre todo es más cómodo no arriesgarse con Arrabal porque yo sé que ha parado montajes, que si una cosa no le gusta, sencillamente no se estrena».
En este caso el autor no sólo ha estado conforme con el montaje sino que ha dicho del director que es «quien más se acerca a la esencia de 'El cementerio de automóviles'».
No es la primera vez que Pérez de la Fuente emprende la tarea de recuperar un texto olvidado perteneciente a uno de nuestros autores más significativos. Lo hizo con La Fundación, de Buero -primer montaje teatral representado en el recuperado Calderón- y lo hace ahora con El cementerio de automóviles. Para él, los dos autores comparten un cierto malditismo que también aqueja a otros nombres de nuestro teatro como Francisco Nieva o Max Aub.

Provocación
«Arrabal conoce el calvario de ser un autor maldito. De sus obras existen muchas ediciones pero en España apenas se representan sus obras. De él se conocen sus polémicas intervenciones públicas, pero nada de eso me interesaba a mí. Como director buscaba al poeta del amor y de la ternura»
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Pérez de la Fuente dio ayer un aviso a los potenciales espectadores. «Los que busquen la provocación fácil que no vengan. Tampoco quienes se asusten hipócritamente porque la obra contenga crueldad o violencia porque la tiene, pero no más que la que hay en un telediario. La violencia, el terrorismo es un problema de nuestra sociedad y Arrabal propone un viaje iniciático y un lema: conócete a ti mismo. Cuando un joven pega un tiro descubre el placer de lo demoníaco, pero la verdadera revolución es la del amor y ese conocerse a uno mismo implica conocer el dios que todos llevamos dentro».
Pérez de la Fuente habla con entusiasmo de una obra que, en medio del cansancio que hoy provocan las grandes palabras como paz o solidaridad, promete la frescura de emplearlas sin rubor. Escrita a finales de la década de los 50 por un Arrabal joven que entremezclaba sus tribulaciones personales con sus vivencias de la España oscura de aquel tiempo y las impresiones que un pintor como El Bosco le producía en sus visitas al Museo del Prado, El cementerio de automóviles sitúa a unos seres marginales, «okupas, desheredados», en el lugar donde quedan arrumbados los desechos de la sociedad desarrollada.
«Los coches son un símbolo porque ese supuesto progreso que nos acabará comiendo no ha terminado con la fascinación por el coche. No hay más que ver cómo se nos vende», afirma el director.

La obra como un juego
A. T.
Juan Gea, Alberto Delgado, Juan Calot, Beatriz Argüello, Carmen Belloch y Roberto Correcher dan vida a los personajes creados por Fernando Arrabal y están acompañados por las voces en off de María Jesús Valdés, Juan José Otegui, Héctor Colomé y José Luis Santos. Israel Ruiz, Germán Corona, Rodrigo Sáen de Heredia y el vallisoletano Jaime Morate habitan en los coches. «Todos se tiraron conmigo a la piscina», afirma el director del montaje que les llevó al terreno del autor, planteando la obra como un juego. Así lo asegura Juan Gea: «Al principio me resultaba difícil enfrentarme al texto porque buscaba la lógica de la palabra. Hasta que aprendí a entrar en el juego. Tienes que abrirte y ser un adulto jugando a ser como un niño». Alberto Delgado encarna al personaje que sirve de revulsivo en El cementerio de automóviles. «El lleva la vida y el sentimiento a un lugar donde sólo rigen las reglas de las funciones vitales básicas. Se mete en medio de la crueldad y aporta su mirada inocente porque sólo sabe ser un ser humano. Esa es la revolución de Arrabal, su apuesta por la vida y eso es lo enriquecedor de mi personaje, al que todos ven como un mesías, salvo él mismo».