NOUVEAU LIVRE:
LAS 100 MEJORES NOVELAS DEL SIGLO:
"LA TORRE HERIDA POR EL RAYO"
de
FERNANDO ARRABAL
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Llega a la colección Las cien mejores novelas del siglo XX una de las más importantes obras del fecundo Fernando Arrabal (Melilla, 1932). La torre herida por el rayo es una obra compleja, tanto como lo es el ajedrez, la pasión del autor que en estas páginas se convierte en materia literaria. A los personajes, Tharsis y Amary, no les sirven de nada sus geniales estrategias cuando se enfrentan de cara al juego de la vida.
El polémico autor conoció durante su primera estancia en París a André Breton pero nunca se ligó a la corriente surrealista y prefirió crear, junto con Topor y Jodorowski, el Movimiento Pánico. Una prueba más de que Fernando Arrabal nunca se ha atado a las modas del momento y para confirmarlo está su prolífica producción literaria, que abarca múltiples géneros. Con un suplemento de 275 pesetas, los lectores de EL MUNDO pueden acercarse al genio de Arrabal y observar cómo coloca las piezas sobre el tablero -política, religión, sexo, misticismo...- e imagina una partida en la que ambos jugadores sueñan venganzas e inventan fobias... Este libro recibió el Premio Nadal en 1984. Mañana, «La torre herida por el rayo» El juego como lenguaje ANGEL BERENGUER Dos personajes separados por un tablero de ajedrez, dos mundos enfrentados pero ambos presentes en la aventura de la Historia. La torre herida por el rayo, obra que se entrega con un suplemento de 275 pesetas, es un duelo donde el polifacético Fernando Arrabal, a través de Tharsis y Amary, vuelve a demostrar su desbordante e inquieta imaginación. El catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares Angel Berenguer, prologuista de esta edición que ofrece EL MUNDO, comenta que «en los personajes se incluye, se analiza y nos descubre la grandeza y la miseria de su propia existencia». Este singular libro fue galardonado con el Premio Nadal en 1984. Fernando Arrabal es un narrador sólido en la historia de la novela española más reciente. Junto con el teatro, el autor investiga el lenguaje de la narración desde los años cincuenta, pero no cede nunca a las modas que se convierten en pasaportes para los manuales de literatura. Seguro y obstinado, dedica sus novelas a indagar la historia (nada heroica y, por ello, cercana a las fuentes más humildes de la cotidianidad que le asfixia) del espacio y el tiempo que le ha tocado vivir. Antes que Cortázar descubre el sistema narrativo que establece en su primera novela: el juego, la complejidad del mundo que le rodea y la estructura novelesca organizada como espejos que reflejan, en sus partes, realidades más amplias deconstruidas para mejor servir el propósito del autor. Así nace Baal Babilonia, uno de los caleidoscopios narrativos más sorprendentes publicados sobre la Guerra Civil española (...). Su producción novelesca es amplia y no se explica su ausencia en los manuales citados más arriba ni por su calidad, ni por su cantidad. Dos cuestiones deben tenerse en cuenta al respecto. Por una parte, su estética cuyo carácter vanguardista no era habitual en las letras españolas, y más aún su relación conflictiva con el realismo social (apadrinado por el PCE) imperante en su época juvenil (...). La novela que se presenta aquí es una prueba inequívoca de las dos afirmaciones que preceden. Desde una concepción narrativa abierta y sorprendente, Arrabal repasa la época, los mitos y las miserias de aquellos años a través de su muy personal visión. En la novela atraviesa su tiempo y en sus personajes se incluye, se analiza y nos descubre la grandeza y la miseria de su propia existencia. El escritor es uno de nosotros y su andadura nos permite atravesar la capa sutil de la intrascendencia que impregna nuestros días. Como he dicho, el autor se cuenta a sí mismo en sus novelas y hace imprescindible al lector de su obra conocer su peripecia personal como elemento que sirve de denominador común a la historia reciente de todos los españoles (...). La experiencia familiar del padre desaparecido, y las dificultades económicas que engendra su desaparición, así como su contacto con el sector más opuesto al sistema le harán tomar al autor un sentido preciso de su conciencia de ruptura. Si, además, añadimos el factor estético, podremos comprender la génesis de su ruptura con el sistema que domina la España franquista. Ahora bien, además de la génesis de una obra debemos aclarar cómo el autor reúne las informaciones y los distintos factores que forman la visión del mundo de su grupo social en una estructura ceremonial. La ceremonia sirve de parámetro ideal para la creación de su universo significativo. Si continuamos indagando la función de la obra de Fernando Arrabal observamos cómo la sociedad española (su sector dominante) la rechaza totalmente desde su primer y único estreno «normal» en España (...). Sin embargo, su obra aparecerá, a partir de entonces, de una manera intermitente en el teatro universitario e independiente, en funciones únicas, y con una escasez de medios que no pueden paliar los esfuerzos, la buena voluntad y el entusiasmo de los grupos no profesionales que lo montan. Mientras su teatro da la vuelta al mundo, en España se ignora su existencia, o se critica una obra que no puede defenderse a sí misma, por no estar publicada de una forma seria y continua, ni siquiera durante los primeros años de la transición política. De sus 18 volúmenes de teatro sólo unas obras aparecieron durante la dictadura, en español, en revistas especializadas o publicaciones minoritarias, y ello agravado por la circunstancia de ser textos mutilados, según hemos anotado más arriba, y sólo algunas hasta hoy han visto la luz en nuestro país. El teatro de Fernando Arrabal consta, hoy, de un centenar de obras desde Picnic (1952), una de sus obras más famosas y una sátira de la guerra «fratricida», hasta Carta de amor (1999), y varias óperas (dos ya estrenadas). Su obra comprende las novelas mencionadas y textos, así como poesía. Escribe sobre ajedrez, publica varios libros de fotografías y dirige varias películas. Su actividad es inmensa, tanto, que podría decirse que es uno de los pocos españoles que participan hoy, activamente, en la creación de la cultura occidental. Sin embargo, Arrabal seguiría siendo fiel a sí mismo y al discurso del individuo que se enfrenta a su entorno con las pobres (y temibles) armas de su talento y su imaginación. Con él reaparece un lenguaje poco usual en el encorsetado mundo de la cultura, que alcanzará cotas de popularidad insospechadas gracias al malentendido que sufre la opinión pública dirigida por plumíferos de más cacareo que enjundia. En este terreno se sitúan sus acciones más comentadas y menos entendidas, en las que recoge la vieja tradición del lenguaje surrealista. A ello une la provocación, lo que no arregla las cosas en el contexto de la actual democracia española. Parece como si los españoles hubiéramos olvidado el valor de la palabra y la temiéramos tanto que hubiéramos decidido encerrarla en el cajón sombrío del «¡a estas alturas!». Entre el miedo y el desencanto se sitúa la tenue frontera en la que abandonamos nuestras más lúdicas emociones, cuando descartamos el juego como lenguaje hábil de una inteligencia que se descubre a sí misma en conflicto con su entorno. |