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Miércoles, 14 de noviembre de 2001

Reconocimiento oficial al gran heterodoxo

La provocadora e internacionalmente celebrada obra de Fernando Arrabal recibe el Nacional de Teatro

CRISTINA FRADE. Corresponsal .-
PREMIOS NACIONALES. Los responsables del Ministerio de Educación y Cultura dieron a conocer en un mismo día, ayer, hasta cuatro galardones, algo inusual en el ámbito de los premios nacionales.El dramaturgo español afincado en París Fernando Arrabal colaborador de EL MUNDO recibió el de Teatro por su ingente y reconocida producción dramática y, más en concreto, por la obra «El cementerio de automóviles». El realizador José Luis Guerin obtuvo el de Cine por su trayectoria y, de forma específica, por su último trabajo, «En construcción». El académico Luis Suárez Fernández se hizo con el de Historia por su documentado trabajo en torno a la figura de Isabel I, y los hermanos Quirós fueron distinguidos con el Nacional de Circo.

PARIS. Fernando Arrabal, Premio Nacional de Teatro 2001, está contento por partida doble. «Un galardón español es lo mejor que me puede suceder, porque eso indica que mis raíces son al mismo tiempo mis piernas», explica el escritor afincado en la capital francesa. «Y sirve para festejar no sólo al Centro Dramático Nacional (CDN), sino también a esos cientos de teatros que a lo largo de 50 años, de una manera clandestina y en catacumbas, han estado representando en España mi teatro y lo siguen haciendo».

El Premio Nacional de Teatro, que otorga el Ministerio de Educación y Cultura a través del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), le fue concedido ayer por el montaje de El cementerio de los automóviles estrenado el año pasado por el CDN. Un estreno que «corrobora la importancia de una trayectoria teatral internacionalmente reconocida», según el jurado, presidido por el director general del INAEM, Andrés Amorós, y compuesto también por Enrique Cornejo, Helena Pimenta, Joan Font, Alberto Fernández Torres y Cristina Santolaria.

Cerca ya de los 70 años, Arrabal vive un momento dulce en España.El CDN estrenará en diciembre un montaje de otra obra suya, Carta de amor (Como un suplicio chino), estrenada hace dos años en Israel y el verano pasado en el Festival de Aviñón. Y en un marco excepcional: la Sala de Bóvedas del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

«Para mí, lo más importante es que se estrene en España», asegura el dramaturgo, que nunca está donde se le espera: «Yo vivía en la calle de la Madera, que no está lejos del CDN, y la obra se va a estrenar en el Museo, que no está lejos del autobús en el que iba hacia el colegio de los Escolapios de Getafe. Es un lugar de emociones».

Arrabal describe su teatro como «a caballo entre la dramaturgia clásica española y la discusión eterna entre el mito, que podría representar Platón, y la razón que podría representar Aristóteles». No pierde ocasión de trazar paralelismos entre el teatro y el ajedrez, otra de sus pasiones: «No son como la vida, son la vida». Y predice un renacimiento del teatro español, a imagen y semejanza del que vive al parecer nuestro ajedrez: «¿Sabe usted que el próximo campeón del mundo puede ser un español?».

El escritor, que cultiva también la novela, el ensayo y la poesía, así como el cine y la pintura, aprovecha para hacer algunas matizaciones. «Se suele decir que yo he creado el teatro pánico, pero no, no, mis amigos y yo creamos el movimiento pánico, que se ilustra actualmente. No estamos a favor del pánico ni mucho menos; estamos en contra, pero desgraciadamente la confusión y el pánico están ahí».

Sigue de cerca la actualidad. Los atentados de Estados Unidos y la guerra en Afganistán son a su entender «un avatar del eterno conflicto entre Platón y Aristóteles, que siempre ha existido, pero unas veces es más violento que otras». Sin embargo, no duda de que nos hallamos en «un momento apasionante: han caído los titanes y empiezan a surgir los dioses. Es un momento formidable, de formos, que significa miedo, muy bello y muy grande".

Una nueva ontología

Y es que Arrabal, con amigos como el escritor francés Michel Houellebecq, cree que se puede crear si no una nueva religión, sí una nueva ontología, una nueva relación entre los seres. «Querríamos que existiera una posibilidad de llegar al verdadero espíritu de la Revolución Francesa. La libertad y la igualdad están muy bien pero sólo sirven a los poderosos, lo que falta es la fraternidad».

Estos días atrás, antes de que la Alianza del Norte llegara a Kabul, el autor ha utilizado sus numerosas tribunas, como la dominical de EL MUNDO (Definiciones, jaculatorias y arrabalescos) para hacer campaña contra lo que él denomina la «burkanización» de las mujeres afganas. Es algo que le subleva: «Hay que liberar a esas mujeres y la respuesta debe ser teatral: hay que bombardear con bragas, con trajes de baño, con discos, con preservativos». Arrabal afirma que lo que se esconde detrás de la burka (la prenda que cubre a las mujeres de la cabeza a los pies) «es la generosidad, el altruismo, la inteligencia» y está convencido de que «no sería nada» sin las mujeres que le han rodeado toda su vida.

Cuando acabe el libro que está escribiendo desde hace un año «un tratado de filosofía y de matemáticas, de estrategia guerrera y de pánico» tiene pensado tomar el Concorde y viajar con su hija a EEUU, donde suele ir todos los años «para ver teatro o para ver ajedrez». Cumplir 70 años el próximo 11 de agosto no parece molestarle. «Es un buen momento para entrar en la senectud».Además, tiene esperanzas de vivir otros 23 años, ni uno más ni uno menos.

¿Planes? «Escribir en los periódicos, que me encanta, o dar conferencias, que es algo que me gusta mucho porque nunca sé lo que voy a decir. Aunque la haya preparado, es siempre un acto de inspiración, creativo». ¿Frustraciones? «No ser Sócrates y no saber más matemáticas».