CONFERENCE:



EL LENGUAJE DEL GENIO

Fernando ARRABAL
(Conferencia del 8 de noviembre de 1999 en Estocolmo)

El lenguaje del genio es una parte de su organismo e igualmente complicado. Los especialistas tratan de explicar esta alquimia misteriosa que, como una niña ciega y superdotada, maneja el escritor. Y se preguntan ¿cual es el secreto del ingenio genial del creador?

Escribir para el autor genial es en verdad, como conferenciar.: Introducirse en un espacio-tiempo ingenuo, ingenioso, genial o insignificante. El escritor asiste a la redacción de cada una de sus propias páginas con la misma atención que el poeta oyendo su propia charla. Como si la pronunciara (o escribiera la página) el "otro" que lleva en sus adentros. Escribir o conferenciar es hablar, reír, llorar, bailar o actuar. Como drogado o excitado sensualmente, independientemente de sí mismo y de la preparación escrita o del propósito inicial.

Escribir o conferenciar es una meditación efímera que oscila entre lo genial y lo patético. El propio poeta se contempla conferenciando como si hablara sola su boca emitiendo sonidos.

El escritor es un terreno con abono animal o natural que no sabe si va a dar setas venenosas o trufas deliciosas.. Tampoco sabía la obesa sexagenaria del novelista checo en traje de baño apoyada en el borde de la piscina lo que hacía. Pero súbitamente su mano levantó deliciosamente ligera. con la gracia de un ademán encantador... "ahogado en el 'no-encanto' de su cuerpo cómicamente conmovedor". Hasta lo más banal o nimio puede encerrar ¡tanto encanto y genio!

Pero todo lo prueba: ¡existe el genio! el genio de tocar la ocarina o de dibujar en la oficina, el genio de lavar ropa o de cardar estopa,
¡Existe el genio! porque lo genial es únicamente y nada menos que la disposición para hacer "algo".
Por eso existe el genio de fabricar una silla o de ir a la trilla, el genio de estornudar o de levitar. Es el genio del "hacedor"... del poeta según los griegos.
¡Existe el genio! el genio de saberlo todo como el ingenioso y el genio del ingenuo que sólo sabe que nada sabe.
¡Existe el genio, y tan difícil! de la ingeniería como el del ingenioso y el genio ¡tan fácil! de la inocencia como el del ingenuo.

La idea de genio, como la de nacimiento, familia o procreación, deriva de las raíces latinas nasci (gna-sci), natus (gna-tus) gen (gna, ger, na). Ideas que se enraman con las de género (pueblo, familia), generación, general, generoso (de "buena raza"), genérico, genes, regenerarse, genital (para la procreación), progenitura, indígena (ind:en), gentil, genética etc.

El genio (genius) aparecía el día del (g)nacimiento. Todos los romanos disponían de un ángel de la guardia o un demonio. Presidía el destino de cada uno. Aquel genio del bien o del mal, ingenuamente o ingeniosamente, designaba lo que caracterizaba a una persona.

El genio, era un ser sobrenatural de origen divino, que acompañaba durante la vida entera a todos los humanos. Por eso se le ofrecía un sacrificio. El mes de diciembre era el favorito de este bautismo a causa del banquete de las saturnales.

Como genio, la palabra ingenuo también es de origen latino. Se aplicaba al que nacía libre (ni esclavo, ni liberto). Al que por su condición podía ser sincero e inocente. Mientras que la Gracias latinas casi desnudas regalaban con sus bailes ingenuos.

La ingenua es la dama joven que desempeñaba el papel de doncella del teatro llena de buenos sentimientos, real, candorosa y sincera. De ella surgió el ingenuo voltairiano que dice inocentemente lo que piensa y hace lo que quiere.

De la misma raiz que genium brotó ingenium: valía por malicia, procedimiento o instrumento. El ingenioso era el individuo capaz de discurrir o inventar con astucia o habilidad. Al conocer que Andrómaca burló "la ingeniosidad de Ulises", el poeta comentó "¡y luego dicen que el amor le vuelve a uno ingenioso!"

No elige el genio (¡o el ingenioso!) escribir una novela o una obra de teatro o dirigir una película o ¡conferenciar! Pero cuando sus escritos se van creando genialmente alteran el orden de "lo vivo a lo pintado" y de la causalidad (cAUsalidad). Hacen de él mismo... su obra como en el albaricoque el hueso engendra vida.

El ingenium como el genium, dando vueltas y tumbos, en el siglo XVII llegó a ser el "ingenio de la corte"... ¡el escritor anónimo! Cervantes pintó la figura de su caballero andante bajo el rótulo de Ingenioso (en el sentido que le daba su contemporáneo navarro Juan Huarte, "extravagante"), Hidalgo (hijo-de-algo-de-poca-monta: y muchas veces cristiano nuevo) Don (ironía tras lo que precede y sigue; entonces era título reservado al caballero o al noble) Quijote (parte de la armadura que cubre el muslo) Mancha (referida quizá a la "mancha" del converso sospechoso). Más adelante llegará a llamarse "ingenio de azúcar" al conjunto de aparatos para exprimir la caña o la finca del cañamelar .

El genio comenzó siendo una disposición del ánimo para el bien o para el mal. Cobarruvias a principios del XVII lo definió como "influencia de los planetas que nos inclinan a hazer esto o aquello". En mi infancia los que aún no conocían el significado "glorioso" de la palabra, y que temían que imitara a mi padre, comentaron: "tiene todo su genio dedicado al mal", es decir toda "su disposición".

Y es que la significación actual de genio nació hace muy poco. Todavía podemos hojear diccionarios que la silencian. En el siglo XVII apareció por vez primera en Francia. En el resto del mundo mucho más tarde se empezó a hacer referencia al talento superior o a la aptitud natural del genio. Según Victor Hugo es "un rayo de la inmensidad que resplandece de forma sobrehumana".

El navegante de Simbad el marino, cuán feliz se sintió gozando de la famosa isla: de aquel vergel, de aquellas aguas cristalinas, de aquellas plantas fabulosas, de aquellos ríos y fuentes edénicas ... de ¡aquel paraíso! Pero cuán mayor fue el horror al sentir que el maravilloso pedazo de tierra era el lomo de un monstruoso pez. De un coletazo el gigantesco animal se zambulló en el abismo submarino... como una parábola del genio y del dolor.

Hoy se considera genio al humanoide que forma parte de ese reducidísimo número de mortales que tiene una aptitud del espíritu, una cualidad innata que le eleva por encima de la normalidad. Por eso realiza empresas admirables. Se ha dicho "que la genialidad no se puede explicar ni por clima ni por gobierno", mientras que Madame de Staël aseguró que "el genio inspira la necesidad de gloria".

Y, sin embargo, los detractores del genio utilizan dos palabras, provocación y escándalo, para definir sus escritos. La palabra griega skandalon significa "trampa en la que se cae". ¡"Trampa"! Nada en la obra del autor genial está escrito, evidentemente, con tan pobre intención. En andas y volandas la inspiración le trae y le lleva con la sencillez de un agujero negro cuando se hinca en el espacio, o de la savia cuando sube de las raices a la copa del secoya.

El autor puede pasa alternativamente de ingenioso a ingenuo y genio. Es ¡tantas veces! un genio voluntariamente (por su habilidad ingeniosa) transformado en ingenuo.

Los denigradores del genio, a menudo, reciben sus escritos "como puñetazos en el estómago". Para escribir nunca traiciona su inspiración bajo gélidas frivolidades.

Estamos viviendo un dolorosísimo renacimiento literario, filosófico, poético y científico. Todo renacimiento es un nacimiento entre sangre sudory lágrimas. El universo, de la mano de la mecánica cuántica, de las matemáticas fractales, de la biología molecular y de la literatura y arte contemporáneos es hoy ... formidable. Es formidable en todos los sentidos de la palabra: hermosa, extraordinaria... pero también como nos señala la raíz latina (formos) de la palabra: "que causa miedo".

En genialidad como en amor todo es posible. "Ama y haz lo que quieras" recomendó, antes que dadaístas o surrealistas, ya, Averoes, Maimónides y San Agustín. Porque el genio es inconcebible e inexplicable. Habría que abarcar todas sus actividades: dramaturgo, poeta, novelista, conferenciante, periodista, director de cine, ajedrecista... Creer en una sola, es puro espejismo. Por eso el genio inspira la indeterminación cuántica, la ambigüedad cervantina, el caos pirandeliano o la confusión pánico-científica... y el hipotético prión de las vacas locas.

No puede alcanzar la genialidad el ingenioso ni ¡con mil esfuerzos! Pero el ingenuo (es ¡tan inocente!) que sin quererlo se puede convertir en genio.La ingenuidad es el grado más alto de la genialidad, como la bondad es el grado más alto de la inteligencia.

El autor genial casi nunca condena o propone. Cuando, como novelista siente las irradiaciones del esplendor, incluso quisiera convertirse en rayo de luz. Su cuerpo planea a bordo de la genialidad, como la gaviota se eleva con la brisa y tiembla de felicidad o de dolor.

El genio del escritor es, pues, una larga impaciencia que cristaliza con el enriquecimiento de lo ingenioso y sobre todo lo ingenuo que lleva muy dentro. Como genio puede repetir algo que oyó y olvidó cuando intenta ser normal y corriente ¡sin conseguirlo nunca!

Voltaire atribuyó la genialidad a "un don de los dioses". En verdad el genio es un humano tan ingenuo que sueña con ser Dios ¡y a menudo lo consigue!

Gracias a su genial ingenuidad, durante el tiempo de un soplo, el autor puede llegar a ser un dios con los dioses. Sus propios escritos le enseñan lo que nadie enseña y es fundamental aprender. Puesto que hoy como ayer el poeta, el dramaturgo, el científico repite: "La belleza es la última expresión de lo verdadero".

El lenguaje de un genio (dijimos al comenzar) es una parte de su organismo. Y tan enrevesado que sólo el propio genio puede intuir su estructura cuántica y caústica, empírica y fatídica, cómica y cósmica.

Fernando ARRABAL