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MADRID.- «Creo que nadie en este país ha
visto ninguna de mis películas»,
dice Fernando Arrabal, autor de siete largometrajes sellados
con su
particular modo de hacer y de mirar que se proyectarán
dentro de la Semana
del Cine de Madrid. Títulos como ¡Viva la muerte!,
El árbol de Guernica o
Adiós Babilonia se convierten en uno de los platos fuertes
de este certamen
que abrió ayer sus puertas, mostrando un perfil diferente
de este hombre al
que no se le resiste ningún lenguaje artístico.
«Siempre, no importa el medio de expresión que
utilice, hablo de los mismos
temas, de esas cosas que considero esenciales: la inmortalidad
del alma, el
amor, la levitación...», comenta Arrabal, quien
últimamente no para de
viajar a España por diferentes motivos: una exposición
de sus pinturas en
Valencia -otra de sus facetas-, ahora esta retrospectiva de su
cine.
Diferentes modos de mirar, de tantear, de indagar en lo que está
más allá de
lo evidente, porque «el arte en general enseña lo
que es fundamental
conocer», dice.
Y señala que ahora mismo ni la narrativa, ni el teatro,
ni el cine le
interesan tanto como la conferencia. «Doy cuatro o cinco
al mes. Y me gusta
sorprender. Cuando el público espera una conferencia,
doy un baile y
viceversa». La conferencia le permite improvisar, actuar
dependiendo
solamente de la complicidad de un público cuyas reacciones
observa
atentamente. Pero el cine es otra cosa.
«Todas mis películas suelen estar interrumpidas
por crisis de lágrimas»,
confiesa Arrabal. «A la intensidad primera le sigue la
confusión y la duda.
Eres el director y todas las personas del equipo te miran, esperan
tus
decisiones, y eso hace que me sienta como una hormiga. La filmación
es como
un estado de gracia, o de desgracia, en el que todo depende no
del director,
sino de todas las personas que trabajan en el proyecto».
Este sentimiento se ha repetido siempre, cada vez que se ha
puesto detrás de
la cámara. Las películas de Arrabal, de carácter
independiente y
vanguardista, han levantado expectación y muchas veces
escándalo.
En 1970 filmó la primera, ¡Viva la muerte, la
historia de su infancia, con
los fogonazos terribles de la Guerra Civil como fondo. Considerada
como un
atentado contra el régimen franquista, provocó
un atentado de la extrema
derecha (fue incendiado el cine de París donde se proyectaba)
y
posteriormente se convirtió en un éxito. El árbol
de Guernica, su tercer
trabajo, otra vuelta de tuerca al tema de la guerra, fue secuestrada
por un
juez cuando se intentó estrenar, en 1982, en el cine Palace
de Madrid. Iré
como un caballo loco, La odisea del Pacífico, El cementerio
de automóviles,
Adiós Babilonia y Jorge Luis Borges, una vida de poesía
-ésta última de
1998- completan una particular filmografía «difícil
de definir», según las
propias palabras del autor.
«No es fácil clasificar mis películas.
Adiós Babilonia, por ejemplo, puede
ser considerada un serial killer, pero en realidad es un homenaje
a Rimbaud.
En cuanto a la de Borges, puede verse como una especie de testamento
o un
libro de poesía... Yo he tenido la suerte de haber conocido
a gente que me
ha sobrepasado. Pero Borges es muy especial. Su voz es como un
oráculo. Y
esto es lo que quise transmitir. En realidad se trata de un ejercicio
de
admiración».
Sobre este filme, que recoge las últimas apariciones
públicas del poeta
argentino en Tokio y en Milán, Fernando Arrabal cuenta
una anécdota muy
significativa para acercarse a la apreciación que el autor
hace de su propio
trabajo: «Hace poco, presenté esta cinta en una
Universidad de Bolonia y me
dirigí a los espectadores diciéndoles que si querían
divertirse había
películas mucho mejores, que la mía exigía
mucho fervor. La gente que allí
estaba se sintió confundida, pero al final respondió
entusiasmada».
Arrabal niega el carácter político de sus largometrajes,
tachados en su día
de provocadores, y se declara «un mal testigo del cine
actual». «Me limito a
ver las superproducciones que ponen en los aviones, tipo Titanic
y cosas por
el estilo», señala. Y concluye: «Me sigue
sorprendiendo que la gente vea
películas tan arrabalescas como las mías».
EMMA RODRIGUEZ
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