16 de octubre de 1999



MIS TARDES EN JAUJA
¡Surrealistas!
FernandoArrabal

Creo que soy la persona menos adecuada para escribir sobre André Breton.
Solo pasé tres años participando diariamente en las reuniones del grupo.
Aquello que viví con los surrealistas (o con los patafísicos, o con los
beatniks o en las barricadas de mayo del 68, o en las cárceles de las
dictaduras) lo he empotrado entre dos rendijas de mis recuerdos. Cuánto
mejor todo lo cuentan aquellos que no lo vivieron. Mi propia capacidad de
aceptar la realidad sin restricciones es ¡tan frágil!
Un atasco parisiense a veces inmoviliza el taxi que me conduce por el cruce
de las calles Louvre y Coquillière. Pero desde hace 35 años me he jurado no
volver a entrar en aquel lugar de la morriña. Y que se llama ¡el Paseo de
Venus! Qué manía mía la de negar la evidencia y explicar lo inexplicable.
A las seis en punto de la tarde, cada día André Breton entraba majestuoso en
el café surrealista. En cuanto se sentaba cruzaba las manos en la espalda y
ritualmente bebía el primer trago de su copón de tinto. Lo propio de la
ilusión consiste en interpretar un hecho como si hubiera dos. Con la técnica
del ilusionista.
Un gran espejo tapaba la pared. Breton contemplaba en él su blanca y
flotante cabellera y su mirada aguileña. Era ya un venerable poeta de más
sesenta años y su gallardía se desparramaba en un espacio siempre
desmesurado. El secreto de Narciso es el de preocuparse exageradamente por
los demás.
El frenesí de la risa de André Breton sólo podía compararse con el arrebato
de sus furores. Tan vindicativo se mostraba en sus condenaciones como
generoso en sus entusiasmos. Animaba la tertulia que incluso yo había
añorado desde que el destierro me alejó de las cacharrerías ateneístas. De
seis a siete y media con Breton como maestro de ceremonia y de escuela
discutiamos de literatura, filosofía, pintura, poesía; respondíamos a
encuestas que nosotros mismos componíamos; y participábamos en juegos como
uno en otro' y cadáver exquisito'. Con qué nostalgia guardo los
recuerdos de aquellas inolvidables tardes en Jauja. Momentos en que sólo
percibía lo inútil: lo cual es uno de los rasgos mas notables de la
ilusión.
Nadie podía asistir al "Paseo de Venus" sin el espaldarazo de Breton. Nunca
fuimos más allá de dos docenas de "elegidos". Ni siquiera cuando recibíamos,
por ejemplo, el refuerzo de Octavio Paz, René Magritte o André Pieyre de
Mandiargues. Cuando nos creíamos más reconfortados era cuando más nos
mecía la ilusión.
André Breton, sin olvidar de besar las manos femeninas, soñaba con cambiar
el mundo como un Rimbaud eternamente adolescente. El surrealismo exigía un
altruismo y un sacrificio de monje de clausura. Max Ernst o Antonin Artaud o
Matta fueron expulsados del grupo por actos inmorales'. Los fantasmas
"sur-realistas" eran ¡tan crueles! Con la realidad se puede negociar.
Breton proclamaba sus preferencias y su ética con una furia tan poco común
como su estilo. Pero dudaba de sí mismo, por ello intentaba protegerse de
lo real desdoblándolo. Éste era el meollo de la surrealidad.
A sus lecciones de moral' respondió el silencio o el desdén. Vivía,
ignorado por la inmensa mayoría, en un pisito monacal cerca de Pigalle. Su
editor, cada año, conseguía vender dos centenares de sus libros, de su
casi centenar de títulos. En julio de 1962, nos mostró con orgullo a Lis y a
mí la carta del contable de la editorial. Aquel tropel de menosprecios fue
su discreto séquito. ¿Quién iba a decirle que cinco años después, tras su
muerte, iba a encaramarse a la cucaña de escritores más vendidos del
universo? El acontecer desdobla surrealisticamente los hechos y ¡por sí
mismos!
Ayer soñé con la realidad "surrealista" y con la satisfacción ilusoria.
Eran dos perlas hermosísimas. En cuanto las toqué se formaron en sus
superficies mil arrugas repugnantes.
F. Arrabal,
Nápoles, el 17 de octubre de 1999

 

* * *

 

 


domingo 26 de septiembre de 1999

Carta a mi querida "negra"
F.ARRABAL

 

"Algunos han dicho que eres mi negra'. Recuerdan haberte visto sentada en
un café parisiense, neoyorquino o veneciano escribiendo en una libreta
mientras que a mí, el autor, nadie me sorprendió nunca haciéndolo.
"Nos conocimos y casamos cuando ambos teníamos poco más de veinte años. Hace
ya tantos. Te dijiste que era yo el gran escritor de hoy'. Y desde
entonces te aferraste a este sentimiento.
"Yo pensaba entonces que todo gran escritor es un ilusionista. Como la
Naturaleza que constantemente nos engaña.
"Vivía desconocido en París. Una fotografía (de Gisèle Freund) conmemora
el segundo número de la revista Mesures'; se me identifica en ella como el
dramaturgo Audiberti'.
"Pasamos los primeros años con enormes dificultades económicas a las que
hiciste frente con tu sueldo modesto. No sólo dabas clases, sino que además
te dirigías con mis manuscritos a los editores. Tratabas con ellos como yo
nunca hubiera podido hacerlo.
"Nos sentíamos desterrados en nuestro propio reino fuera del mundo.
Inseparables y autónomos, juntos formábamos una pura afluencia.
"Escribí, por ejemplo: Hay noches que en cuanto me acuesto mi cama deriva
hacia mi patria; hacia un precipicio donde van a matarme. Me despierto. Es
de noche. Sobre la mesilla donde puse mi reloj y las cerillas veo
apuntándome como un fusil una esfera luminosa. ¡Corazon mío! lo real es
otra cosa: la patria, las estrellas y el precipicio florido de amapolas.'
"Eres siempre mi primera lectora cuando pongo el punto final a cada una de
mis obras. Corriges a veces mis frases (como he anotado en mi diario)
cuando aún están calientes y húmedas'. Pero siempre has negado toda
participación.
"En una de mis novelas se puede leer como las cosas suceden realmente: "
No, en esta lengua no se puede decir eso de esa manera. Y si, por
ejemplo,...' Y entonces ella sugería la palabra justa".

"Desde mi primer libro publicado, cuántas veces me he referido a esa
horrible dificultad para utilizar esa lengua tan nueva para mí'.
"Respondes a la mayoría de mis cartas. Algunas de ellas se interrumpen con
frases de tu puño y letra como mi marido se ve obligado a salir y me pide
terminar su mensaje'. Otras veces adoptas un tono neutro y las firmas como
mi secretaria'.
"Sólo y protegido, compruebo que el único Tiempo que me interesa es el que
puedo detener. Con mi espíritu y voluntad me ocupo de él meticulosamente.
El futuro es un charlatán de la Corte de Cronos.
"Una noche en un sueño vi cómo un demonio me forzaba a identificarme con
otro escritor incomparablemente alto, fuerte y cruel... Mientras que yo te
gritaba soy tu humilde servidor'.
"Vigilas lo cotidiano para que pueda consagrar toda mi energía a mi obra, a
mi propio mundo... o al ajedrez.
"Un aficionado ha contado cómo, el día en que descubrí un problema inédito
(para mí) de A.Troitzky, lo primero que hice fue correr para mostrártelo.
¿Y a quién si no?
"Gracias a ti, además del personaje que interpreto regularmente, existe mi
yo inaccesible que proteges suave y firmemente.
"Algunos de mis personajes ¿quién puede dudarlo? son bastante odiosos. Pero
eso no me afecta. Vegetan fuera de mí mismo como los monstruos lúgubres de
las fachadas de las catedrales. Demonios plantados en ellas para que no se
olvide que fueron arrojados desde nuestros adentros. En verdad soy un ser
dulce al que le horroriza la crueldad.
"Tu presencia es constante en mi obra. Como musa y como modelo. Tu
influencia y tu estampa aparecen en todo momento. Como lo que eres y tu
contrario.
"Eres mi guía. Pero cuando digo que estás presente en mi obra lo niegas.
"Mi existencia sólo es una rendija de luz entre dos eternidades de
tinieblas. Y esta grieta luminosa me acaricia siempre junto a ti.
"Y, sin embargo, braceas para que nuestra relación permanezca en la sombra.
Un día en que estaba yo a punto de contarle a un erudito de mi obra cómo nos
conocimos, le peguntaste: Pero es usted de la KGB?'
"He comprobado, a menudo, que una vez atribuidos a mis personajes detalles
de nuestro pasado (tan preciosamente guardado en el recuerdo) se marchitan
en el mundo ficticio en el que acabo de instalarlos.
"A veces sueño que te dicto una nueva obra que te sorprende
maravillosamente... ¡por mi elocuencia!
"Cuando paso horas (y a veces días, o meses), concentrado por el ajedrez,
vigilas y me ayudas discretamente. Como si el juego te apasionara.
"Nunca consideras al mundo que te rodea como algo definitivo. Tu
imaginación es el músculo de tu alma, por ello te adorna un fino sentido
del humor. Pero lo que más enamora es tu culto casi fanático a la verdad.
"Comprendiste desde que nos vimos por vez primera que no pienso en lengua
alguna sino en imágenes. Sólo algunos iletrados mueven los labios leyendo o
rumiando. Pienso en imágenes, pero de vez en cuando una frase en mi lengua
materna, o en la aprendida, pueden formarse en la espuma de la onda
cerebral.
"Correspondes tan exactamente a lo que necesito que hubo algún
malintencionado para olvidar que nos casamos tras el flechazo amoroso.
"En una novela corta que escribí veinteañero cuento la carrera breve y
fulgurante de un pianista. Nació el día en que una admiradora se sentó en
la primera fila de su concierto. Su triunfo continuó durante el tiempo que
vino a oirle. Y concluyó el día en que desapareció del patio de butacas".
¡Cuántas murmuraciones se han forjado en torno a nuestra pareja! Nunca
intenté rebatirlas. Nuestra pareja es una obra de arte. Como el arte formó
nuestra pareja".

[Tras leer Vera; la vida con Nabokov' ésta es la carta que imagine hubiera
podido escribir, a los 67 años, Vladimir Nabokov a su mujer Vera.]
Fernando Arrabal

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