Fernando Arrabal.
"J.L. Borges. una vida de poesía"
Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia
Conviene, antes de entrar en el análisis de esta obra
-mejor sería llamarla el guión cinematográfico
con las indicaciones oportunas- considerar la labor que viene
efectuando desde hace ya muchos años con una rigurosidad
absoluta Francisco Torres Monreal, algunas veces dramaturgo,
otras historiador de la literatura gala; cuando estima bien,
crítico literario y si le sale del alma, antólogo.
Y su polivalencia y la relación con la cultura francesa
se acentúan si tenemos en cuenta otras dos publicaciones
de las que damos cuenta seguidamente.
Por una parte, acaba de hacer una bellísima traducción
de los poemas en prosa de EL Spleen de París de Baudelaire
para la prestigiosa editorial Alianza Editorial y por fin, después
de algunos intentos baldíos, hemos podido solazarnos con
aquellas extrañas razones de angustia, muerte, soledad
e iluminación de uno de los poetas que han marcado pauta
de comportamiento en la literatura posterior. Pequeños
poemas llenos de sugerencias de todo tipo.
Por otra ha hecho la edición que hoy presentamos. Una
vez más ahonda en la obra de Fernando Arrabal, en la que
es uno de los mejores, si no el máximo, especialista,
autor al que le ha prestado atención desde lejanos tiempos,
con el que ha conversado tantas veces como ha tenido a bien y
ha que-rido adarar las bases de su teatro vanguardista e innovador,
surrealista y oscuro para muchos, no tanto para quien ha desvelado
sus claves.
Le toca ahora al cine. En el prólogo que hace Torres Monreal
le pasa revista a la vinculación del melillense con el
mundo del celuloide, su manera de abordarlo, lo que ha representado
en su vida artística, induso nos menciona la ruptura que
hizo con el cine (que le quitaba tiempo para su labor dramática)
y que no fue tal. Nos da cuenta de sus películas - "Viva
la muerte" de 1971, "Iré como
un caballo loco" (1973), "El árbol
de Guernica" (1975), "El cementerio de
automóviles" (1981), "El emperador
del Perú" (1982), "¡Adiós,
Babilonia¡" (1992), hasta llegar a J.
Luis Borges, una vida de poesía (1998), obra en
la que trató, en sus dichos y sueños, la figura
del escritor argentino, amigo de Fernando Arrabal, con el que
compartió seminarios y charlas en diversos puntos del
planeta.
La obra recogé muchas de las declaraciones que Borges
hizo en su día, y en muchos casos coincidentes con las
que han sido recogidas (y dimos cuenta de ello en pasadas semanas)
por Paoletti. A las imágenes borgianas, Arrabal le añadió
la parte musical y la icónica y, cual suele ser habitual,
y según se nos dice, se ha de estar preparado para la
sorpresa pues sigue el dramaturgo
Concebida como homenaje, en la
película se pasa
revista a la creación y a la teoría estética |
fiel a su rechazo de las reglas tradicionales de juego. Si
vanguardista, surrealista y experimentalista aparece en sus novelas
y piezas teatrales, lo mismo sucede en este texto que obviamente
se nos muestra como mutilado al ~ carecer de las prestaciones
que le concede la imagen.
Concebida corno homenaje, probablemente con motivo del centenario
que se celebraría más tarde, Arrabal pasa revista
a puntos de vista sobre la creación, la esterilidad de
las teorías estéticas ("olvidemos las raíces,
la escuela, las generaciones"), la metáfora, el verso
libre, la gran memoria, la novela (sagas, Conrad, Cervantes,
los rusos), el arte de contar, sobre filosofia (para airear la
figura de Schopenhauer), las guerras y la épica, el porvenir,
los sueños, la poesía, el nacionalismo, los recuerdos
argentinos, los idiomas, la pérdida del diálogo
en las sociedades modernas ('entre nosotros, evidentemente, la
gente no habla, más bien mira la televisión, escucha
la radio. Y nadie habla") y de tantas y tantas cosas en
las que un ingenio tan poderoso como el argentino recayó
a lo largo de la vida. Lo que no sabemos es si Arrabal quiso
explicar a Borges o a si mismo.
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