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SANTOS SANZ VILLANIJEVA
Femando Arrabal, al revés que la mayor parte de los
miembros de la generación de los 50, no se inició
en el realismo sino que se acercó a círculos vanguardistas
y estuvo próximo al llamado «postismo», un
movimiento de carácter iconoclasta tanto en el fondo como
en la forma. Ha subrayado Angel Berenguer, un gran experto en
el autor, que éste hizo en sus comienzos decenas de sonetos
pánicos en colaboración con su mujer, Luce, y con
su amigo Arroyo. Es un dato revelador, porque indica cuánto
le interesaban ya entonces la creatividad lúdica y la
imaginación poética. Sobre ambos pivotes construye
su obra.
Fernando Arrabal, fotografiado ayer durante la entrevista
(los cojines eran por el frío).
Un sustrato creativo, no mimético, es básico
para el desarrollo de la incesante actividad de Arrabal. Por
eso le conviene el título de creador -mejor que el de
escritor, que le queda estrecho- no ya original, sino irrepetible.
Lo que más fama le ha dado ha sido su teatro, uncen-tenar
de piézas de alcance univer-sal, aunque no bien entendido
en España, a pesar de sus raíces casi goyescas.
Al teatro hay que añadir sus singulares películas,
su poesía rupturista, la prosa de sus polémicas
cartas o de su articulismo anticostumbrista, su pintura desasosegante
y una narrativa que, desde la temprana Baal Babylone (1959),
suma ya al menos una docena de obras con esta Levitación
(Ed. Seix Barral) recién aparecida.
Le conviene más
el titulo de
creador que el de
escritor, que le
queda estrecho |
La otra fuente del arte arrabaliano está en la lírica,
inserta en una corriente mental introspectiva, que va al fondo
del ser, agita sus fantasmas y pasiones, yío saca afuera
en forma de fluido surrealista, o, por decirlo con la palabra
que el propio autor prefiere, superrealista. No por casualidad,
Arrabal ha sido aplaudido por un cierto tipo de escritores:
por el padre del surrealismo, Breton, por el maestro del absurdo,
Ionesco, y por el fundador del existencialismo, Sartre.
Valgan estos nombres para apuntar al fondo revulsivo y moral
de las creaciones de Arrabal.
Porque en todas, vengan bajo la forma en que vengan, hay un magma
básico, trabado, solidario, que viene a ser una angustiosa
y visionaria proclama a favor de la libertad. Tal alegato no
obedece, casi nunca, al orden de lo discursivo o ensayüístico,
sino a un lirismo arrebatado.
La insólita personalidad de Arrabal, tan inclasificable
que Kundera ha dicho de él que «sólo se asemeja
a sí mismo», se funde en un universo personal de
fantasía, sangre, vio-
lencia, locura, pasión, droga, sexo, dolor... En él,
además, y mediante repetidos descensos a los inflemos,
afloran los traumáticos principios de transgresión
y pecado, de liberación y culpa. Se trata, en suma, de
un universo Iírico y metafísico, muy dramático
y revulsivo, configurado a partir de un realismo alucinante y
alucinado.
BORJA HERMOSO
MADRID.- Se coge a un tullido obsesionado por la moral y el pecado
y se le pone a merced de dos cuidadoras dispuestas a aliviar
su sufrimiento como sea -y como sea quiere decir exactamente
como sea-. Luego se pone al impedido en manos dedos homosexuales
llamados Lucifer y Abel y se procede a un sutil proceso de transformación
de gustos sexuales. Y ahi tenemos Levitación, la nueva
novela de Femando Arrabal (Seix Barral).
Dramaturgo, ensayista, poeta, cineasta, dibujante, el Arrabal
novelista vuelve a la carga (sus últimas entregas narrativas
fueron El mono y Ceremonia por un teniente abandonado) con un
arsenal erótico/literario que no dejará indiferente
a nadie. «El punto de partida fue coger a ese mistico español
y cristiano, un auténtico pozo de ciencia en materia informática,
y confrontarlo a ese mundo. Un puritano, enfrentado al pecado
y al infierno», explica Arrabal, que vive una actividad
frenética: mañana se abrirá en el Circulo
de Bellas Artes la exposición Visiones de Femando Arrabal,
con obras de diversos artistas en tomo a su persona; el 19 de
abril será nombrado en Paris «sátrapa del
Colegio de Patafisica» <la institución artístico/literaria
creada por Alfred Jarry,' autor de Ubú Rey) y el 29 del
mismo mes inaugurará en la localidad francesa de Ba¡eux
una muestra con todos los libros publicados en colaboración
con artistas.
El personaje central de Levitación, un paralítico
postrado y a merced de sus cuidadoras y cuidadores, fue ejerciendo
sobre el autor una progresiva capacidad de fascinación,
según él «porque es un personaje romanesco,
como suele decir Milan Kundera, y en ese sentido, imposible;
y todo el mundo sabe que toda gran novela tiene personajes imposibles».
No es casualidad ni capricho que Arrabal cite al autor de La
insopor-table levedad del ser: siempre lo tiene en la recámara
mental, al mismo
o parecido nivel que a Beckett y Ionesco. De hecho, Femando Arrabal
y Milan Kundera mantienen hoy discusiones sobre novela una vez
al mes, en el marco de la revista trimestral francesa L'atelier
du roman (El taller de la novela).
Evolución del personaje
La evolución del protagonista de Levitación
en cuanto a sensibilidades y gustos sexuales no parece, desde
luego, tan imposible como el personaje en sí. Y es que
ese mistico español parido por la pluma libertina del
autor de Fando y Lis viaja desde la fascinación que siente
un enfermo por los cuerpos desnudos de dos mujeres y por sus
prácticas amatorias... a la fascinación de ese
mismo enfermo por los cuerpos y las salvajes prácticas
amatorias de una pareja de homosexuales con vocación redentora.
O sea, de la heterosexualidad a la horno o -al menos- la bisexualidad.
Cosa que, visto lo visto, no parece tan improbable.
Y nada se queda en el tintero, porque Arrabal -que aquí
parece haber ignorado la máxima de su adorado Baltasar
Gracián «las verç dades que más importan
siempre vienen a medio decir»- lo recorre todo, o casi
todo, ylo vomita todo, o casi todo: así, Levitación
es una novela de prácticas sexuales orales, anales, manuales
y violentas, aunque en el centro de semejante kama-sutra literario
tengamos a un místico obsesionado por el temor a Dios
y ciego de odio hacia Sodoma y Gomorra.
Pese a tan explícita forma de escnbir, Femando Arrabal
mantiene que bajo la trama de Levitación subsiste no poca
dosis de sugeren-cia: «Este libro puede tener tantas lecturas
como lectores... y en realidad, un tipo de lector es el propio
autor. Yo, mientras escribía, a veces me sentía
enojado con ese personaje; pero, otras veces, me sentía
muy excitado».
Ironía de sí mismo
Se molesta mucho el transgresor Femando Arrabal cuando se le
sugiere muy de lejos la posibilidad de que tanto puritanismo
y gente temerosa de Dios en medio de tanta lascivia sexual encierre
algún sentido irónico: «Yo no hago ironía
más que contra mí mismo y no me rio más
que de mí y mis debilidades; es lo que Breton llamaba
«el sentido aristocrático de la risa»».
En un pasaje de su novela, el autor hace referencia, por boca
de su personaje, a un eventual «apo-calipsis cibernético
que ya anuncia Internet». ¿Cabe atribuir ese miedo
al futuro al propio Arrabal, un embelesado amante de la matemática
y la ciencia y un ajedrecista experto que nunca rechazó
jugar contra el ordenador?: «Yo pienso que existe la amenaza
real de que una especie de Pentágono mundial pueda estar
acaparando toda nuestra memoria; no sé con qué
fin, quizá para protegerse de la Mafia, del terrorismo,
no sé. Hoy hay muchos sabios escépticos con relación
a eso. Por ejemplo, el mejor ajedre cista del mundo, Gata Kamsky,
acepta jugar contra el ordenador, pero se mega a usar el correo
electrónico», explica.
No sólo el fondo sino también
-y sobre todo- la forma de Levitación están profundamente
influidos por el embrujo que sobre el autor ejerce su Babilonia
particular: NuevaYork. En concreto, Arrabal ha utilizado hasta
la saciedad dos curiosos vehículos de expresión
propios de aquella ciudad y de aquel país: la tiranía
del lenguaje publicitario... y el sexo oral.
En cuanto a la primera, bien puede decirse que la novela no está
escrita exactamente en español, sino en un machacón
espanglish procedente de la utilización obsesiva de eslóganes
y expresiones directamente extraídos del lenguaje publicitario
(Soy beautiful... mejor que la Xandria Collection of Sensual
products). En cuanto a la del sexo oral, la explicación
parece clara: «Es increible la obsesión de América
por el sexo oral. Está claro: nada es igual después
de Móni ca Lewinsky; ha influido hasta en lo que los cientificos
dicen sobre las causas de transmisión del sida».
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