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Defiende cada nuevo proyecto con tal ilusión que parecería
que en eso se jugara su carrera. Fernando Arrabal, el autor teatral
español más representado del mundo, vive a sus
67 años una actividad frenética. Hace dos días
inauguró en el Círculo de Bellas Artes Visiones
de Fernando Arrabal una muesti-a en tomo a él; el próximo
19 de abril, ingresará en el Colegio de Patafisica francés
(al que pertenecieron Ionesco o Boris Vian) y poco después
se abrirá otra exposición en Francia con todos
los libros publicados en colaboración con artistas. Y
mientras tanto, promociona Levitación (Seix Barral), una
novela en la que un puritano paralítico es seducido por
dos hermosas enfermeras y una pareja de homosexuales.
-¿Cómo surgió "Levitación"?
-Estando en Nueva York, con el asunto Lewinsky y las últimas
investigaciones sobre el sida. Me imaginé que pensaría
un cristiano bíblico, no católico, español,
que se cree acosado por la sociedad, rodeado del pecado. ¿Cómo
reaccionaría frente a personas que piensan que él
vive en un infierno y ellos en un paraíso?
-Y eso le sirvió para hablar del binoimo cuerpo-espíritu.
-Me di cuenta al final de que había jugado con binomios.
Están el lenguaje espiritual y el pornográfico,
que son dos variantes de lo mismo; también está
el lenguaje del infierno, del diablo, que es el inglés
para él, y el de la Biblia. El se encuentra entre dos
mundos: el de la levitación fálica, imposible de
controlar porque el corazón y el sexo no se pueden gobernar,
y
Fernanda Arrabal, en el hotel madrileño
en el que pramocionó su novela
la levitación mística de Teresa de Ávila,
esa excelente mujer que pedía a las hermanitas que la
agarraran del hábito para que no volara.
-¿Cree como su personaje que vi-vimos una crisis de moralidad?
-Creo que ahora hay un renacimiento de la moral. No sé
qué va a ocurrir mañana, pero fijese usted que
yo ya he dicho muchas cosas que luego se han cumplido. Me da
miedo pensar que lo que estoy diciendo va a ocurrir: va a haber
una especie saturación de sexo y se va a volver a un amor
más místico, más misterioso.
-¿Posee un don para vaticinar el futuro?'
-No es un don, es intuición. A mi padre le encerraron
en la guerra y le dieron la posibilidad de salvarse y dijo que
no. Yo siempre he querido repetir ese suicidio. Cuando se está
en esa situación extrema se ve mejor en plan visionano.
-Volviendo al libro, al final el pecado es lo placentero.
-Pecado y placer están bastante unidos. De hecho, cuando
hablo con "jovencitos" de mi edad veo que los españoles
siguen todos excitados porque tienen la idea de pecado, mientras
que el francés, educado de otra forma, no piensa en el
sexo como algo peligroso.
-También reflexiona sobre la homosexualidad.
-A mí me molesta mucho que se ataque a los homosexuales
porque me digo: a ver si se va a atacar a los de Melilla o a
los que miden menos de 1,60. La homosexualidad es una manera
de concebir el amor.
-En alguna ocasión ha declarado que la lucha contra la
tentación es una constante en su vida...
"Va a haber una
saturación de sexo y se va a volver al amor
místico" |
-Claro, en la de todos.
-¿Se siente reprimido?
-Estamos reprimidos en muchos momentos y frustrados. Yo no soy
el jugador de ajedrez que quisiera ser y me gustaría seducir,
en el sentido de cambiar de conducta.
-Se dice de usted que es excéntri-coy narcisista.
-Yo he intentado ser conformista toda mi vida, en parecérme
a los demás, pero algunos como Kundera creen que no lo
he logrado.
-¿Y usted qué cree?
-Nunca he querido ser un bicho raro, he sufrido bastante por
esto, pero soy diferente a los demás. Por ejemplo, yo
no sería tan buen académico como Fernando Fernán-Gómez,
y lo lamento, me gustaría ser como los demás.
-¿Por qué insiste en todas las entrevistas en su
falta de raíces?
-Soy un extranjero en cualquier sitio y eso está muy bien.
Los patrioteros se sorprenden que haya alguien que no está
en el tiesto. No tengo raíces; nací en Africa,
hice estudios en Madrid y vivo a caballo entre Nueva York y París.
-¿Siente que le tratan de forma diferente en España
que en Francia?
-Me siento muy querido en España, como si fuera un niño
rebelde, un gamberro. En Francia me miran de una manera muy solemne.
-Si pudiera reencamarse, ¿en quién o qué
lo haria?
-Quisiera ser un santo pagano, sin estar inscrito en ninguna
burocracia. Me gustaría ser como Kundera, que nunca ha
hecho nada por ser más célebre o ganar más
dinero y siempre está dispuesto a dar.
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