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- García Maestro
Madrid
Arrabal ha escrito una novela corta que tiene mucho que
ver con el «affaire Clinton».
«Quería saber cómo reaccionaría un
hombre religioso al pensar que el órgano con el que orinamos
va a parar a la boca de una criatura de Dios», explicó
ayer el novelista, cineasta y poeta, que mañana inaugura
una exposición en el Circulo de Bellas Artes sobre sus
pinturas.
El escritor arropa sus piernas con los cojines de un sofá
y hace gala, a ratos, de un temperamento barroco y quisquilloso
que le ha merecido la fama de «niño terrible»,
pero sólo en España, advierte. El lo asume con
deportividad. «Que me tomen por un bromista me gusta porque
me rejuvenece». Tiene 67 años y habla de sus pasiones:
el ajedrez, su mujer, su próximo libro acerca de Kafka,
sus cuadros y un vino francés -«vino Arrabal»-
que lleva un poema firmado por él impreso en la etiqueta.
Desde el destierro. Arrabal -en una imagen durante
la entrevista- asegura qué no piensa volver a España
Pero enseguida vuelve a su novela. «La levitación
de la que habla el título -explica- no es la que experimentó
Santa Teresa de Ávila ni la levitación de la pornografía.
Me refiero al símbolo, es decir, levitación como
aquello que no podemos gobemar». Una tentación ingobernable
es la que azota al protagonista, un «gigante de la informática»
español que tras un accidente en Nueva York queda encaramado
a la cama de un hospital. Horrorizado por los masajes terapéuticos
de dos enfermeras y tentado por un erotismo que intenta rechazar
a toda costa, el puritano acabará sucumbiendo -siempre
con el tormento a cuestas- a un banquete sexual con dos homosexuales
en el que no faltan todo tipo de juegos. Arrabal contempla la
novela como una batalla en la que cada parte -la lucha entre
el cuerpo y el espirituadopta su propio lenguaje: «El protagonista
considera el inglés y la publicidad como los lenguajes
del mal. Por otro lado, está el lenguaje de la Biblia
como símbolo del bien».
«En este libro
aparecen mis
temas recurrentes:
el amor, la muerte y la negación del
tiempo» |
En muchas ocasiones, el autor de «Carta al general Franco»
y «La torre herida por el rayo», que en mayo estrena
en el María Guerrero «El cementerio de coches»,
ha considerado la novela como una fórmula para disfrutar
de las aventuras que de otra manera no podría vivir. No
es este el caso. El personaje principal -que en un momento de
la novela declara su amor a Dios por encima de todas las cosas,
su españolismo y su tradicionalismo se halla en las antípodas
del autor, insiste Arrabal una y otra vez. «Es un cristiano,
pero no es católico; es bíblico, pero no evangelista.
Es, ciertamente, un personaje oscuro».
Un texto existencial
Arrabal describe en el libro crudas escenas de sexo, donde no
falta la sodomía. No obstante rechaza tajantemente la
etiqueta de novela erótico o pornográfica. De hecho,
asegura haber escrito el «libro más casto posible.
Es una novela casta, porque al fin y al cabo yo soy un hombre
casto». También niega que exista una intención
didáctica en el texto. En este sentido, dice que no le
interesan algunas obras de Orwell. « Levitación'
no es un panfleto, es una novela existencial en la que aparecen
mis temas recurrentes: el amor, la muerte, la inmortalidad, la
negación del tiempo». Arrabal, que aún siente
añoranza por Ionesco, compara a su protagonista con Josef
K. de «El Proceso». «Es un personaje imposible
en una situación imposible, esa es la verdadera novela;
la novela de Kundera y de Kafka, la de Joyce y la de Proust».
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