NOUVEAU LIVRE:

cultura

21.3.2000

 

«Esta es la novela casta de un hombre casto», dice Arrabal de «Levitación»

La obra plantea los dilemas de un fanático religioso ante el sexo

Un paralitico patnótico, religioso y sentimental es el medio siglo- da cuenta de las reflexiones de este hom-protagonista de «Levitación», la novela número trece bre acorralado por el sexo encarnado en dos enfermeras de Fernando Arrabal (Melilla, 1932). En ella, el dra- y dos homosexuales. El autor dice que quiso «hacer maturgo -que vive «desterrado» en París desde hace una novela que fuera casta como un rebaño de jirafas».

- García Maestro
Madrid

Arrabal ha escrito una novela corta que tiene mucho que
ver con el «affaire Clinton».
«Quería saber cómo reaccionaría un hombre religioso al pensar que el órgano con el que orinamos va a parar a la boca de una criatura de Dios», explicó ayer el novelista, cineasta y poeta, que mañana inaugura una exposición en el Circulo de Bellas Artes sobre sus pinturas.
El escritor arropa sus piernas con los cojines de un sofá y hace gala, a ratos, de un temperamento barroco y quisquilloso que le ha merecido la fama de «niño terrible», pero sólo en España, advierte. El lo asume con deportividad. «Que me tomen por un bromista me gusta porque me rejuvenece». Tiene 67 años y habla de sus pasiones: el ajedrez, su mujer, su próximo libro acerca de Kafka, sus cuadros y un vino francés -«vino Arrabal»- que lleva un poema firmado por él impreso en la etiqueta.

Desde el destierro. Arrabal -en una imagen durante la entrevista- asegura qué no piensa volver a España


Pero enseguida vuelve a su novela. «La levitación de la que habla el título -explica- no es la que experimentó Santa Teresa de Ávila ni la levitación de la pornografía. Me refiero al símbolo, es decir, levitación como aquello que no podemos gobemar». Una tentación ingobernable es la que azota al protagonista, un «gigante de la informática» español que tras un accidente en Nueva York queda encaramado a la cama de un hospital. Horrorizado por los masajes terapéuticos de dos enfermeras y tentado por un erotismo que intenta rechazar a toda costa, el puritano acabará sucumbiendo -siempre con el tormento a cuestas- a un banquete sexual con dos homosexuales en el que no faltan todo tipo de juegos. Arrabal contempla la novela como una batalla en la que cada parte -la lucha entre el cuerpo y el espirituadopta su propio lenguaje: «El protagonista considera el inglés y la publicidad como los lenguajes del mal. Por otro lado, está el lenguaje de la Biblia como símbolo del bien».

«En este libro
aparecen mis
temas recurrentes:
el amor, la muerte y la negación del
tiempo»


En muchas ocasiones, el autor de «Carta al general Franco» y «La torre herida por el rayo», que en mayo estrena en el María Guerrero «El cementerio de coches», ha considerado la novela como una fórmula para disfrutar de las aventuras que de otra manera no podría vivir. No es este el caso. El personaje principal -que en un momento de la novela declara su amor a Dios por encima de todas las cosas, su españolismo y su tradicionalismo se halla en las antípodas del autor, insiste Arrabal una y otra vez. «Es un cristiano, pero no es católico; es bíblico, pero no evangelista. Es, ciertamente, un personaje oscuro».

Un texto existencial
Arrabal describe en el libro crudas escenas de sexo, donde no falta la sodomía. No obstante rechaza tajantemente la etiqueta de novela erótico o pornográfica. De hecho, asegura haber escrito el «libro más casto posible. Es una novela casta, porque al fin y al cabo yo soy un hombre casto». También niega que exista una intención didáctica en el texto. En este sentido, dice que no le interesan algunas obras de Orwell. « Levitación' no es un panfleto, es una novela existencial en la que aparecen mis temas recurrentes: el amor, la muerte, la inmortalidad, la negación del tiempo». Arrabal, que aún siente añoranza por Ionesco, compara a su protagonista con Josef K. de «El Proceso». «Es un personaje imposible en una situación imposible, esa es la verdadera novela; la novela de Kundera y de Kafka, la de Joyce y la de Proust».