(p2)

MIS HUMILDES PARAíSOS
F. ARRABAL

 

XIII

Estaba la rectitud encarnada
sin lugar donde nacer.

Van buscando seis largas patas
una hechura donde alojarse.
La típula las alberga
y les ofrece vida
aun sin apenas regalarles cuerpo.

Tan frágil es la típula
que compone un abdomen
de lo que parece un estorbo,
borrando las rudezas del volumen
trazando las finezas de la línea.

¡Tantos contrarios tuvo para nacer
y muchos más después de nacida!

Qué poco encerrada en la materia
... si no lo estuviera por la vida.

XIV

Al ser concebida
la babosita del rosal
concibió que sólo se salvaría
baboseando halagadoramente;
a su puerto de salud
nunca le faltó saliva.

Más para su provecho
que para su gusto
se finge tan agradecida
como poco graciosa.
Ve mal aunque bien mira
al requebrado, suspendida.

El halago tercia en el encomio
y tuerce el sentido,
dejando tan sólo
estelas de baba.

Cuando lo dicho sale por la boca
la dicha entra
pero el hecho austero prevalece.

XV

A la prontitud
el escorpión
sabe hallar atajo.
Adecua esta prenda
con la precisión
y juntas forman el súbito venablo.

Presto en el sentenciar
repentino en el pinchar.
Agudeza coronada de veneno
es pregón de su reputación,
que si el más feroz amasa con sangre
el escorpión con ponzoña.
Aspirando a rematar al primer lance,
alerta al disimulo,
dictando recato a su arrebato.
Puede cantar sus condenas
pero no contar sus perdones.

Dispuso la ambición
llevar un dardo
y así el escorpión
pervirtió al cangrejo.

XVI

Si el hombre tan en breve
ha de desvanecerse en polvo,
la hormiga se remeda,
por una eternidad de calcos,
con la inmortalidad apalabrada.

La continencia es su ganancia
porque agonizando casta
vive dando a luz perpetuamente.
Cuenta sin fin con su reloj de abdomen,
poniendo huevos mientras expira
en un desenlace inacabable
que comenzó enlazada en el aire con el macho
y continuó enlutada en el foso catacumba.

Sus miembros no se mueven
pero sus entrañas se conmueven.

Vino del cielo volando,
tras una noche de bodas,
volátil.
Hospedó por un instante en las alturas
al que abrió sus bajos
sacándola de la nada
para ser mucho.

XVII

Muy a mi gusto cobijaría
a la pulga
de otros años.
Bien quisiera fuese mi brazo
de un palacio la alacena
para hospedar a la vampiresita.
Cómo le franquearía mis poros
poniéndole a sus pies mis venas.
Mi sangre le daría de limosna.

¡Qué abstinencia de substancia
para saciarse sólo de la esencia!
Para un viático tan subjetivo
qué disposición tan sublime se requiere.

A quien busca el corazón
sólo ofrece un rincón
la electrónica:
alzó el vuelo la saltarina exigua
juzgando la tierra exangüe.

XVIII

Viéndose de tan corto cuerpo
el pececillo de plata
no sale de la tierra
ni en la mar entra,
que su mote no se entrañó
en sus entrañas.
Para designar basta una palabra de soberbio,
no para que el humilde nade.
Cuán nada valen los humanos dichos
sin los hechos.

Las escamas que del cielo le cayeron
traje son de su amago de pescado
y gajes de lo argentado de su apodo;
pero cuán poco llenan su vanidad
aunque mucho lo ahuecan.
De los lomos de los libros
hace su pan cotidiano
con migajuelas de lema
como para triturar el nombre
del que lo nombró sin tino.

¡Qué importa que el verbo se adelante
si la razón se queda!

XIX

Ayer mansito saltamontes
hoy langosta marcial
atropellando con la tropa.
Soledosa criatura primero,
después criada de la desolación
despreciando lo que el sedentario estima
apreciando lo que el trashumante arruina.

Unida sin pastor a la mesnada
se muda en pasto de la plaga
cebándose con tanto antojo
que apetito le falta.

Si allí de paseo
aquí de paso.
Si allí perezoso
aquí perentoria.
Si allí gota
aquí diluvio.

A orillas del abismo
sin enredarse en la manada, el manso
hace llano el estoicismo
y el altruismo espontáneo.

XX

El cero previene
y el uno ejecuta.

La oruga geómetra
midiendo que no mide
lo que debe medir calcula
tanteando su pasado.
Barajando desdichas con dichas
inventa la medida
y diligencia el recuerdo
con mesuradas reglas.

Cuando la oruga sufre
mide lo que vale sola,
lo mucho descubre
y lo bueno imagina.

El recuerdo cuenta
y el olvido descuenta,
que lo que no se cuenta
es como si no fuere.

XXI

La glotonería
de la termita
hace de su mesa casa
y aun de que es poco se queja.
Grandes son sus comidas,
aun sólo sombras de sus cenas.

Su puchero es calabozo de su alma,
encierro de sus facultades
y anticipado féretro de madera
a grandes bocados hecho.
Prefiere morir de ahíta que de hambre.

La voracidad llena de pasto
y vacía de substancia.
Comiendo mucho a mucho,
poco a poco
se desmorona
la pasta del glotón
y se rinde
su residencia de serrín.

XXII

El escarabajo supone un creador
conquistador de exactitudes
pero rendido a la medida.

Grande es el adorno de su caparazón,
mayor el de su destino,
ayer larva, anteayer huevo,
hoy caminante coprófago.
¡Cuánto apetito siente!
¡Con qué gusto, de excrementos se ceba!
Desmenuzados sábenle mejor,
porque nada es todo.

Ahondo en la esencia sin recelo,
con celos lo contemplo
y se enciende mi celo
ante un banquete de heces.
Cada manjar eternidad merece.

Convidada a un ágape único
donde el que convida inconsciente
es convite del convidado.
Al favor de mirar corresponde
el fervor de admirar.

XXIII

¡Qué gozosa voy a la cama!
gasto en ella todos mis retiros,
idea, viento, sombra y aun menos.
Hasta que me duermo
no conozco lo que valgo.
Pero quitadme el sueño
y veréis lo que me queda.
Por doquiera que va yo sigo al sueño,
que el dormir es el principio
y el fin de toda vigilia.
En despertando me echo a descansar
para que en la razón la fantasía se adormezca.

Con cuán penetrante abandono
me examino en el espejo del sueño
presa de un abrasado sopor.
Perdida cuando más entretenida,
sin precio viajo
y sin desprecio me reposo.

Más sueña quien menos vive
que es propio de puros soñar más
porque, negándose a la hazaña,
enteros se dan a la quimera.
El que sueña
se queda con el sueño dado
y le vale mucho,
considerándose con él pagado.
Que es licor de estrellas
alambicado por el sino.

¿Entregó la llave del sueño
al albedrío
la mosca tsé-tsé?

XXIV

Adornada de pobreza y modestia,
éstas son sus joyas,
la mosca del vinagre
se posa en nuestra mesa
para merecer nuestra deferencia.
La humildad le da alas.

Aprovechándose de lo que tan bien le sabe
la mosca
en la miseria de la casa
reconoce de la creación la riqueza.