CONGRES:

Université de Cergy-Pontoise

COLLOQUE SCIENTIFIQUE INTERNATIONAL

VELáZQUEZ AUJOURD'HUI

à l'occasion du 400ème anniversaire
de la naissance de l'artiste (1599)

9, 10 et 11 décembre 1999

 

Sous la direction du Professeur Geneviève Barbé

Avec le concours de L'INSTITUT DE FRANCE
(Académie des Beaux-Arts)

 Clôture du colloque le 11 décembre à 15h.

par la conférence de

 

Fernando Arrabal

VELáZQUEZ ... Y EL GRECO

 

 

Por Dios, por la Patria y el Rey
lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la Patria y el Rey
lucharemos nosotros también.
...
...todos juntos en unión.
Moriremos defendiendo
la Sagrada Tradición.


Así comienza el viril himno de los tradicionalistas.

Y no se confundieron nunca ni en el rey, ni la patria¡rediós! Todos juntos en unión hicieron de Velázquez el primerísimo pintor de la corte y del reino ¡por la gracia de Dios!
Mientras tanto El Greco fue vetado en El Escorial por el monarca y negado en la capital del reino por la patria y sus fanáticos. De vuelta hacia Roma se refugió provisionalmente en Toledo. Casi a hurtadillas pintó allá lo mejor de su obra. Pero en vez de conocérsele por su nombre: Hijo de la Madre de Dios (Teotokopulos) se le rebajó designándole por el mote de El Greco y no de El Griego. Como si a Cervantes los ingleses le hubieran nombrado en francés L'espingouïn.
Desde siempre la obra de Velázquez ocupó los espacios, los museos y los cuadros de honor. Precisamente allá donde, durante tres siglos la del Greco no tenía cabida: No formó parte nunca de La Sagrada Tradición.
El último director del Prado del siglo XIX fue un admirador entusiasta de la obra de Velázquez. Y para asentar su prestigio de "assis" (Rimbaud dixit) se quejó "no puedo arrojar del museo los cuadros del Greco". Furioso, los calificó de "caricaturas absurdas".
Francisco Mateos Gago, el crítico más reputado de aquel entonces, destacó por su fervor velazquista y conformista. Para confortar su fama escribió: "lamento que el Greco no se quedara en Grecia... maldita la falta que hacen aquí sus extravagancias".
Sin extravagancia alguna los cuadros de Velazquez triunfaron. Y se empingorotaron siempre en lo más acreditado del Prado. Los del Greco fueron "arrinconados en los sótanos" por su comisario. Y fueron catalogados desdeñosamente hasta el siglo XX como "venecianos". La Anunciación ni siquiera encontró refugio en el subsuelo de la pinacoteca madrileña, fue remitido a Tarragona con cajas destempladas.
Durante más de trescientos años el silencio o el encono acogieron la obra del mejor pintor que pariera madre. Según el juicio de rebeldes, insumisos y genios. Pero por Dios, por la Patria y el Rey y por la Santa Tradición todos juntos en unión alzaron a la cumbre a Velázquez y hundieron en las profundidades al Greco.
Velázquez , precisamente, se guardó muy mucho dada su oficialísima función ¡de funcionario! de levantar la voz o un dedo en favor del Greco. Nunca le apetició defender lo indefendible.
Pero el día de su muerte, inesperada , a sus sesenta y un añitos, no le dio tiempo de vaciar su taller. Entre pinturas menores de Ticiano, Bassan y Ribera guardaba su tesoro: tres cuadros esplendorosos de su admiradísimo (en silencio) maestro e inspirador (más sigilosamente aún) El Greco. Fue su sorprendente confesión post-mortem.
Contemplando la obra del ingeniosísmo Velázquez y del genial El Greco se adivina la razón de la inquina que despertó la obra del cretense. El Greco cambió el sentido de las relaciones humanas, alteró el orden racional del mundo, trocó los papeles, puso al revés nuestras ideas, creencias y certidumbres y revolucionó la forma, la expresión y la línea engendradora de la estética. Velázquez, por el contrario, fue el artista del orden gubernamental, el pintor de lo que debe hacerse para el bien de la patria y del rey. El Greco fue el creador de la inversión en el arte. Velázquez de la versión oficial.
La rehabilitación del Greco sólo podía llegar a finales del XIX a través de los inconformistas o librepensadores. ¿Pero se puede pensar de otra forma? Reivindicaron el derecho de invertir los valores de la sociedad. Y no de verterlos en su obra como Velázquez.
La irresistible carrera de Don Diego hacia premios y honores comenzó a sus diez y siete años. El inquisidor de Sevilla y su ayudante [elcensor de obras de arte, pintor y su futuro suegro, Pacheco] le discernieron el título de pintor oficial. "Con el permiso de ejercer su arte en todas las partes del reino y señoríos de su majestad".
Permiso que nunca hubiera podido recibir El Greco. ¡No lo hubiera merecido!: En el paisaje de su Vista de Toledo invirtió la topografía "de los reinos y señoríos" para ajustarla a su concepto. Entre el puente de Alcántara y el Alcázar el pintor plantó la catedral, que en realídad está a la derecha, al oeste del dicho Alcázar. A pesar de que ¡sin novedad en el alcázar! fue siempre divisa tradicional.
En los Jardines de la Villa Médicis Velázquez se inspiró (clara y clandestinamente) en El Greco. Pero olvidó lo principal de Vista de Toledo: la inversión topográfica como símbolo de todas las inversiones sin olvidar la religiosa. El color y la exuberancia impresionista de Velázquez pertenecen a la estética de su secreto maestro. Como la distinción entre la forma de los objetos, las figuras, el lugar, el espacio, el aire y el instante.
A partir de 1840 el "romántico" consideró a El Greco como su precursor: intentaba desmoronar los cimientos del mundo "ramplón" que le rodeaba. Y que tan poco había cambiado desde la ascensión de Velázquez al cielo tradicionalista. Delacroix, Baudelaire, Gautier, se apasionan por el "loco genial de Toledo".
Del cuerdo ingeniosísimo, Velázquez, se reconocieron siempre el rey y sus lacayos, los patriotas y sus tercios. Por ello Felipe IV muy pronto le pidió un retrato . Y aún más significativo: le otorgó el título de pintor del rey... mensualizado. Con un salario en nómina de veinte ducados al mes.
Ante el estupor de conservadores y bien pensantes en 1894, los "modernistas", con Rusiñol a la cabeza celebraron la ceremonia del desagravio. Trasladaron varios Grecos sobre varas portadas, entre estandartes, al Cau Ferrat de Sitges. Y proclamaron una evidencia: el Greco "es el gran pintor modernista de todos los tiempos".
Todos juntos en unión los hombres de orden celebraron por su parte y, en su día, otro triunfo de Velázquez. A los ventisiete años fue nombrado Ujier de Cámara. "Con veinte placas al día, casa, aposento, médico y botica". El nuevo ascenso en el escalafón se lo concedió un jurado de familiares de la Inquisición. Velázquez para conseguir el enchufe pintó un cuadro racista. Un cronista lo describió como "una tela representando la expulsión de los moros, ante Felipe III".
Los enemigos de toda discriminación admiraron siempre la Alegoría de la Orden de los Camaldulenses . El Greco pintó este cuadro en plena barbarie. Lo que entonces se llamaba el triunfo de la fe. Sobre San Romualdo y San Benito se halla, a modo de nube, el plano de la primera comunidad de su Orden monástica. Las celdas inviduales de los monjes aparecen alineadas. El Greco invierte el sentido y la imagen cristiana se transforma en candelabro talmúdico de siete brazos.
Los sabihondos de la época ¡hasta hoy! por ingenuidad o por servilismo voluntario se diría que alaban al ingenioso Velázquez para poder ningunear al genial El Greco. Uno de los embajadores españoles escribió en un correo oficial: "Velázquez de ventisiete años es el pintor más célebre del país".
Frente a este eterno discurso plenipotenciario Zuloaga fue el panegirista del Greco en París. Ante la ira o la indiferencia de la mayoría. La leyenda cuenta que en Montparnasse se privaba de comer para continuar su proselitismo. Conquistó a su causa a Jordá, Uranga, Rilke,Ö
El Rey fue el primer ensalzador de Velázquez. Prueba de ello entre mil fue que en 1628 ordenó que se pusiera a su disposición todo lo que "en la Armería pudiera serle útil para hacer el retrato de [su predecesor] Felipe III". Días después redactó una ordenanza real. Consintió al pintor una ración cotidiana de víveres. La misma que a los barberos de Cámara. ¡Oh barberos! que con los curas estuvieron tan presentes en el siglo de Oro y en el de los loros de repetición.
Repitió siempre el conformismo oficial la vulgata estética de la tradición En España únicamente algunos miembros de la generación del 98 se atrevieron a pedir el reconocimiento del Greco. Las visitas a Toledo "serán capitales para los miembros de la generación del 98" pero no para los generalísimos.
En 1629 aVelázquez le envió el rey a Italia con una misión aún hoy no suficientemente esclarecida. Le acompañó un conocido agente y espía real Carlo Pughin.
Los agentes y policías del poder cultural siguieron vetando la obra de El Greco en pleno sigloXX. Pero Baroja, Galdós y Unamuno se entusiasmaron con el pintor. A Azorín le hizo "llorar de admiración" . Y éste exigió, ¡oh audacia! en 1902 una sala para su pintor favorito en el Prado.
En 1634 el rey premió el apremio de Velázquez para servirle dándole el cargo de alguacil de Corte.
Precisamente a los alguaciles y censores de aquel siglo les escandalizó el cuadro del Greco: La Resurrección. No aceptaron que un nazareno desnudo y patas arriba invirtiera el pasmo místico por el deleite carnal. El Greco añadió además el pie de otro saltarín penetrando las nalgas del nazareno por el sistema llamado en Nueva York feet-fucking.
De Velázquez ninguna excentricidad temió nunca la corona. Por ello fue nombrado a sus treinta y cuatro años ayuda de guardarropa. Tan arropado y cubierto de títulos se vio que cedió uno de ellos (el de ujier de cámara) a su yerno.
Una sola vez El Greco pintó un cuadro para el rey de España. Aprovechó la ocasión para condenar lo que el rey ensalzaba. Lo cual significó su inmediata y definitiva caída en desgracia. En la parte inferior izquierda de El Martirio de San Mauricio vemos a un joven desnudo, despatarrado y con las manos en la espalda para mejor ofrecerse. En el regazo de éste recuesta su cabeza un barbudo que le besa, o lame el pubis. La immolación del supliciado y el orgasmo del superviviente se invierten. El Greco transformó una obra que hubiera debido ser según el rey un himno al martirio en elogio del amor.
Por el contrario Velázquez se ciñó escrupulosamente al dictado real en la Rendición de Breda. A pesar de la salvaje "kermesse heroïque" el rey quiso que el cuadro cantara la caballerosidad hispana. La tropa vencedora brillaría por su ausencia de agresividad. Para el rey y los patriotas el soldado español tenía que aparecer como el guerrero de la dignidad, del orden y del concierto. Velázquez se atuvo rigurosamente a la recomendación palatina sin hacer uso, como leal vasallo, de ninguna libertad.
La Institución Libre de Enseñanza, inspirada por el Greco, trató de invertir el pasado cultural español. Introdujo a los desdeñados frente a los consagrados. Y paralelamente proclamó su fe en la educación. Giner honró a menudo al pintor de Toledo, y Cossío escribió un valioso libro sobre el proscrito. Ocultado por una España más que negra, de luto, por semejante ostracismo.
EL 12 de marzo de 1639 el embajador d'Este escribió al duque Francisco I de Modena: "Velázquez tiene un defecto: nunca dice la verdad". Gracias a él el ingenioso pintor hizo frente a sus deberes palaciegos. El Rey le recompensó por su buen comportamiento. Le concedió un anticipo de 500 ducados anuales.
La corona no sólo no le dio al Greco adelanto ninguno sino que le echó sin proporcionarle ni una patera. "No formo parte de ningun rebaño" comentó el artista. Y pintó La adoración de los pastores. Alterando el culto tradicional los pastores se prosternan ante un gigantesco falo mal camuflado en hocico de vaca.
Sin camuflarse, a lo vasallo, Velázquez acompañó durante varios meses al rey en Aragón. Como premio fue nombrado "ayuda" ya no de guadarropa sino de cámara. Es decir de la del rey. Estaba dispuesto a limpiarle sus orinales ¡por lo menos! Por ello la unanimidad se hizo ¡hasta hoy! en torno al pintor de la cámara real.
Sin embargo , la polémica no cesó en torno al pintor de Toledo. Maurice Barrès tembló de arrobo ante la santa locura de su pintor preferido. Pero el filósofo, reticente, define su Pentecostés como un "ataque de nervios" en la cima "frenética del espasmo".
Para remunerar su mesura y obediencia en 1643 Velázquez fue nombrado Superintendente de Obras reales. Lo que hoy llamaríamos el director o el conservador de las colecciones reales. El comisario Velázquez olvidó colgar los cuadros de su admiradísimo El Greco. ¿Temió que el rey viera de donde provenía el arte, la línea, la pincelada, y el ritmo de su ayuda de cámara?
Sin ayudar a ninguna cámara ni pasar por ningún aro El Greco pintó El Entierro del Conde Orgaz. En él San Esteban más que relativizar el tiempo invierte el orden temporal. En la capa del Santo figura pintada la escena de su propia lapidación. Sacrificio que se transforma en función sofisticada : tres bellos atletas desnudos izan piedras con estudiada afectación, mientras que un cuarto, también en cueros, contempla el trasero de su vecino cabeza abajo.
Velázquez nunca arriesgó ninguna lapidación. A los cuarenta y seis años ascendió de nuevo en la plantilla real. Recibió el título de "ayuda de cámara con oficio". Gracias a esta prebenda tuvo un puesto en las ceremonias oficiales.
El Greco no tuvo nunca ninguna. Sus detractores analizaron, al fin, en este siglo las razones de su enfado. Leemos con regalo, por ejemplo, la reflexión de Aldous Huxley: "todo ha sido transformado por el Greco en mucosidades, peritoneos... Como una resurrección del tubo digestivo".
Ningún crítico osó discrepar de la norma impuesta por la sagrada tradición ante el pintor oficial Velázquez. Fue nombrado por ello en 1652 "Aposentador de Palacio" es decir gran mariscal. Destacó Velázquez por su celo discriminatorio. No dudo en escribir : "considero un gran inconveniente a la Decencia de Palacio el que en las cocinas reales haya un moro".
Entre otros críticos, a Claudel le exasperó El Greco y "su purgatorio desencadenado... La mujer no juega ningún papel en estas exhibiciones atléticas". Cocteau, furioso, arremetió contra el Greco, "que no es un pintor sino un geómetra erótico". "El martirio de San Mauricio es un macizo de vergas en erección. En su día fue un cuadro escandaloso, y también lo es hoy".
Lejos de todo escándalo y gracias a la intervención real Velázquez obtuvo el título de Caballero de la Orden de Santiago que tanto ambicionaba . Para recibir ésta, más que medalla, cruz de chocolate, no dudó en sobornar, pagar o mentir.
El 8 de marzo de 1982, tal y como figura en el libro de Makos, conversé con Andy Warhol en París. Me habló del Greco como aquellos vanguardistas que proclamaban: "El Greco es el dios de la pintura.". Le pregunté la causa de tan alta admiración, y me dijo : "El hizo siglos antes lo que yo intento hacer hoy: invertir las relaciones del hombre con el arte."
Velázquez fue y será loado por los defensores de la Sagrada Tradición... ¡por Dios, por la Patria y el Rey!
Ortega y Gasset trató de condenar la original personalidad de El Greco frente a su idolatrado Velázquez con esta sentencia: "El Greco contrariamente a Velázquez firmó sus cuadros". ¿Qué mayor elogio al genio y figura del maestro de Velázquez?

F.Arrabal