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Clôture du colloque
le 11 décembre à 15h.
par la conférence de
Fernando Arrabal
VELáZQUEZ
... Y EL GRECO
Por Dios, por la Patria y el Rey
lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la Patria y el Rey
lucharemos nosotros también.
...
...todos juntos en unión.
Moriremos defendiendo
la Sagrada Tradición.
Así comienza el viril himno de los tradicionalistas.
Y no se confundieron nunca ni en el rey, ni la patria¡rediós!
Todos juntos en unión hicieron de Velázquez el
primerísimo pintor de la corte y del reino ¡por
la gracia de Dios!
Mientras tanto El Greco fue vetado en El Escorial por el monarca
y negado en la capital del reino por la patria y sus fanáticos.
De vuelta hacia Roma se refugió provisionalmente en Toledo.
Casi a hurtadillas pintó allá lo mejor de su obra.
Pero en vez de conocérsele por su nombre: Hijo de la Madre
de Dios (Teotokopulos) se le rebajó designándole
por el mote de El Greco y no de El Griego. Como si a Cervantes
los ingleses le hubieran nombrado en francés L'espingouïn.
Desde siempre la obra de Velázquez ocupó los espacios,
los museos y los cuadros de honor. Precisamente allá donde,
durante tres siglos la del Greco no tenía cabida: No formó
parte nunca de La Sagrada Tradición.
El último director del Prado del siglo XIX fue un admirador
entusiasta de la obra de Velázquez. Y para asentar su
prestigio de "assis" (Rimbaud dixit) se quejó
"no puedo arrojar del museo los cuadros del Greco".
Furioso, los calificó de "caricaturas absurdas".
Francisco Mateos Gago, el crítico más reputado
de aquel entonces, destacó por su fervor velazquista y
conformista. Para confortar su fama escribió: "lamento
que el Greco no se quedara en Grecia... maldita la falta que
hacen aquí sus extravagancias".
Sin extravagancia alguna los cuadros de Velazquez triunfaron.
Y se empingorotaron siempre en lo más acreditado del Prado.
Los del Greco fueron "arrinconados en los sótanos"
por su comisario. Y fueron catalogados desdeñosamente
hasta el siglo XX como "venecianos". La Anunciación
ni siquiera encontró refugio en el subsuelo de la pinacoteca
madrileña, fue remitido a Tarragona con cajas destempladas.
Durante más de trescientos años el silencio o el
encono acogieron la obra del mejor pintor que pariera madre.
Según el juicio de rebeldes, insumisos y genios. Pero
por Dios, por la Patria y el Rey y por la Santa Tradición
todos juntos en unión alzaron a la cumbre a Velázquez
y hundieron en las profundidades al Greco.
Velázquez , precisamente, se guardó muy mucho dada
su oficialísima función ¡de funcionario!
de levantar la voz o un dedo en favor del Greco. Nunca le apetició
defender lo indefendible.
Pero el día de su muerte, inesperada , a sus sesenta y
un añitos, no le dio tiempo de vaciar su taller. Entre
pinturas menores de Ticiano, Bassan y Ribera guardaba su tesoro:
tres cuadros esplendorosos de su admiradísimo (en silencio)
maestro e inspirador (más sigilosamente aún) El
Greco. Fue su sorprendente confesión post-mortem.
Contemplando la obra del ingeniosísmo Velázquez
y del genial El Greco se adivina la razón de la inquina
que despertó la obra del cretense. El Greco cambió
el sentido de las relaciones humanas, alteró el orden
racional del mundo, trocó los papeles, puso al revés
nuestras ideas, creencias y certidumbres y revolucionó
la forma, la expresión y la línea engendradora
de la estética. Velázquez, por el contrario, fue
el artista del orden gubernamental, el pintor de lo que debe
hacerse para el bien de la patria y del rey. El Greco fue el
creador de la inversión en el arte. Velázquez de
la versión oficial.
La rehabilitación del Greco sólo podía llegar
a finales del XIX a través de los inconformistas o librepensadores.
¿Pero se puede pensar de otra forma? Reivindicaron el
derecho de invertir los valores de la sociedad. Y no de verterlos
en su obra como Velázquez.
La irresistible carrera de Don Diego hacia premios y honores
comenzó a sus diez y siete años. El inquisidor
de Sevilla y su ayudante [elcensor de obras de arte, pintor y
su futuro suegro, Pacheco] le discernieron el título de
pintor oficial. "Con el permiso de ejercer su arte en todas
las partes del reino y señoríos de su majestad".
Permiso que nunca hubiera podido recibir El Greco. ¡No
lo hubiera merecido!: En el paisaje de su Vista de Toledo invirtió
la topografía "de los reinos y señoríos"
para ajustarla a su concepto. Entre el puente de Alcántara
y el Alcázar el pintor plantó la catedral, que
en realídad está a la derecha, al oeste del dicho
Alcázar. A pesar de que ¡sin novedad en el alcázar!
fue siempre divisa tradicional.
En los Jardines de la Villa Médicis Velázquez se
inspiró (clara y clandestinamente) en El Greco. Pero olvidó
lo principal de Vista de Toledo: la inversión topográfica
como símbolo de todas las inversiones sin olvidar la religiosa.
El color y la exuberancia impresionista de Velázquez pertenecen
a la estética de su secreto maestro. Como la distinción
entre la forma de los objetos, las figuras, el lugar, el espacio,
el aire y el instante.
A partir de 1840 el "romántico" consideró
a El Greco como su precursor: intentaba desmoronar los cimientos
del mundo "ramplón" que le rodeaba. Y que tan
poco había cambiado desde la ascensión de Velázquez
al cielo tradicionalista. Delacroix, Baudelaire, Gautier, se
apasionan por el "loco genial de Toledo".
Del cuerdo ingeniosísimo, Velázquez, se reconocieron
siempre el rey y sus lacayos, los patriotas y sus tercios. Por
ello Felipe IV muy pronto le pidió un retrato . Y aún
más significativo: le otorgó el título de
pintor del rey... mensualizado. Con un salario en nómina
de veinte ducados al mes.
Ante el estupor de conservadores y bien pensantes en 1894, los
"modernistas", con Rusiñol a la cabeza celebraron
la ceremonia del desagravio. Trasladaron varios Grecos sobre
varas portadas, entre estandartes, al Cau Ferrat de Sitges. Y
proclamaron una evidencia: el Greco "es el gran pintor modernista
de todos los tiempos".
Todos juntos en unión los hombres de orden celebraron
por su parte y, en su día, otro triunfo de Velázquez.
A los ventisiete años fue nombrado Ujier de Cámara.
"Con veinte placas al día, casa, aposento, médico
y botica". El nuevo ascenso en el escalafón se lo
concedió un jurado de familiares de la Inquisición.
Velázquez para conseguir el enchufe pintó un cuadro
racista. Un cronista lo describió como "una tela
representando la expulsión de los moros, ante Felipe III".
Los enemigos de toda discriminación admiraron siempre
la Alegoría de la Orden de los Camaldulenses . El Greco
pintó este cuadro en plena barbarie. Lo que entonces se
llamaba el triunfo de la fe. Sobre San Romualdo y San Benito
se halla, a modo de nube, el plano de la primera comunidad de
su Orden monástica. Las celdas inviduales de los monjes
aparecen alineadas. El Greco invierte el sentido y la imagen
cristiana se transforma en candelabro talmúdico de siete
brazos.
Los sabihondos de la época ¡hasta hoy! por ingenuidad
o por servilismo voluntario se diría que alaban al ingenioso
Velázquez para poder ningunear al genial El Greco. Uno
de los embajadores españoles escribió en un correo
oficial: "Velázquez de ventisiete años es
el pintor más célebre del país".
Frente a este eterno discurso plenipotenciario Zuloaga fue el
panegirista del Greco en París. Ante la ira o la indiferencia
de la mayoría. La leyenda cuenta que en Montparnasse se
privaba de comer para continuar su proselitismo. Conquistó
a su causa a Jordá, Uranga, Rilke,Ö
El Rey fue el primer ensalzador de Velázquez. Prueba de
ello entre mil fue que en 1628 ordenó que se pusiera a
su disposición todo lo que "en la Armería
pudiera serle útil para hacer el retrato de [su predecesor]
Felipe III". Días después redactó una
ordenanza real. Consintió al pintor una ración
cotidiana de víveres. La misma que a los barberos de Cámara.
¡Oh barberos! que con los curas estuvieron tan presentes
en el siglo de Oro y en el de los loros de repetición.
Repitió siempre el conformismo oficial la vulgata estética
de la tradición En España únicamente algunos
miembros de la generación del 98 se atrevieron a pedir
el reconocimiento del Greco. Las visitas a Toledo "serán
capitales para los miembros de la generación del 98"
pero no para los generalísimos.
En 1629 aVelázquez le envió el rey a Italia con
una misión aún hoy no suficientemente esclarecida.
Le acompañó un conocido agente y espía real
Carlo Pughin.
Los agentes y policías del poder cultural siguieron vetando
la obra de El Greco en pleno sigloXX. Pero Baroja, Galdós
y Unamuno se entusiasmaron con el pintor. A Azorín le
hizo "llorar de admiración" . Y éste
exigió, ¡oh audacia! en 1902 una sala para su pintor
favorito en el Prado.
En 1634 el rey premió el apremio de Velázquez para
servirle dándole el cargo de alguacil de Corte.
Precisamente a los alguaciles y censores de aquel siglo les escandalizó
el cuadro del Greco: La Resurrección. No aceptaron que
un nazareno desnudo y patas arriba invirtiera el pasmo místico
por el deleite carnal. El Greco añadió además
el pie de otro saltarín penetrando las nalgas del nazareno
por el sistema llamado en Nueva York feet-fucking.
De Velázquez ninguna excentricidad temió nunca
la corona. Por ello fue nombrado a sus treinta y cuatro años
ayuda de guardarropa. Tan arropado y cubierto de títulos
se vio que cedió uno de ellos (el de ujier de cámara)
a su yerno.
Una sola vez El Greco pintó un cuadro para el rey de España.
Aprovechó la ocasión para condenar lo que el rey
ensalzaba. Lo cual significó su inmediata y definitiva
caída en desgracia. En la parte inferior izquierda de
El Martirio de San Mauricio vemos a un joven desnudo, despatarrado
y con las manos en la espalda para mejor ofrecerse. En el regazo
de éste recuesta su cabeza un barbudo que le besa, o lame
el pubis. La immolación del supliciado y el orgasmo del
superviviente se invierten. El Greco transformó una obra
que hubiera debido ser según el rey un himno al martirio
en elogio del amor.
Por el contrario Velázquez se ciñó escrupulosamente
al dictado real en la Rendición de Breda. A pesar de la
salvaje "kermesse heroïque" el rey quiso que el
cuadro cantara la caballerosidad hispana. La tropa vencedora
brillaría por su ausencia de agresividad. Para el rey
y los patriotas el soldado español tenía que aparecer
como el guerrero de la dignidad, del orden y del concierto. Velázquez
se atuvo rigurosamente a la recomendación palatina sin
hacer uso, como leal vasallo, de ninguna libertad.
La Institución Libre de Enseñanza, inspirada por
el Greco, trató de invertir el pasado cultural español.
Introdujo a los desdeñados frente a los consagrados. Y
paralelamente proclamó su fe en la educación. Giner
honró a menudo al pintor de Toledo, y Cossío escribió
un valioso libro sobre el proscrito. Ocultado por una España
más que negra, de luto, por semejante ostracismo.
EL 12 de marzo de 1639 el embajador d'Este escribió al
duque Francisco I de Modena: "Velázquez tiene un
defecto: nunca dice la verdad". Gracias a él el ingenioso
pintor hizo frente a sus deberes palaciegos. El Rey le recompensó
por su buen comportamiento. Le concedió un anticipo de
500 ducados anuales.
La corona no sólo no le dio al Greco adelanto ninguno
sino que le echó sin proporcionarle ni una patera. "No
formo parte de ningun rebaño" comentó el artista.
Y pintó La adoración de los pastores. Alterando
el culto tradicional los pastores se prosternan ante un gigantesco
falo mal camuflado en hocico de vaca.
Sin camuflarse, a lo vasallo, Velázquez acompañó
durante varios meses al rey en Aragón. Como premio fue
nombrado "ayuda" ya no de guadarropa sino de cámara.
Es decir de la del rey. Estaba dispuesto a limpiarle sus orinales
¡por lo menos! Por ello la unanimidad se hizo ¡hasta
hoy! en torno al pintor de la cámara real.
Sin embargo , la polémica no cesó en torno al pintor
de Toledo. Maurice Barrès tembló de arrobo ante
la santa locura de su pintor preferido. Pero el filósofo,
reticente, define su Pentecostés como un "ataque
de nervios" en la cima "frenética del espasmo".
Para remunerar su mesura y obediencia en 1643 Velázquez
fue nombrado Superintendente de Obras reales. Lo que hoy llamaríamos
el director o el conservador de las colecciones reales. El comisario
Velázquez olvidó colgar los cuadros de su admiradísimo
El Greco. ¿Temió que el rey viera de donde provenía
el arte, la línea, la pincelada, y el ritmo de su ayuda
de cámara?
Sin ayudar a ninguna cámara ni pasar por ningún
aro El Greco pintó El Entierro del Conde Orgaz. En él
San Esteban más que relativizar el tiempo invierte el
orden temporal. En la capa del Santo figura pintada la escena
de su propia lapidación. Sacrificio que se transforma
en función sofisticada : tres bellos atletas desnudos
izan piedras con estudiada afectación, mientras que un
cuarto, también en cueros, contempla el trasero de su
vecino cabeza abajo.
Velázquez nunca arriesgó ninguna lapidación.
A los cuarenta y seis años ascendió de nuevo en
la plantilla real. Recibió el título de "ayuda
de cámara con oficio". Gracias a esta prebenda tuvo
un puesto en las ceremonias oficiales.
El Greco no tuvo nunca ninguna. Sus detractores analizaron, al
fin, en este siglo las razones de su enfado. Leemos con regalo,
por ejemplo, la reflexión de Aldous Huxley: "todo
ha sido transformado por el Greco en mucosidades, peritoneos...
Como una resurrección del tubo digestivo".
Ningún crítico osó discrepar de la norma
impuesta por la sagrada tradición ante el pintor oficial
Velázquez. Fue nombrado por ello en 1652 "Aposentador
de Palacio" es decir gran mariscal. Destacó Velázquez
por su celo discriminatorio. No dudo en escribir : "considero
un gran inconveniente a la Decencia de Palacio el que en las
cocinas reales haya un moro".
Entre otros críticos, a Claudel le exasperó El
Greco y "su purgatorio desencadenado... La mujer no juega
ningún papel en estas exhibiciones atléticas".
Cocteau, furioso, arremetió contra el Greco, "que
no es un pintor sino un geómetra erótico".
"El martirio de San Mauricio es un macizo de vergas en erección.
En su día fue un cuadro escandaloso, y también
lo es hoy".
Lejos de todo escándalo y gracias a la intervención
real Velázquez obtuvo el título de Caballero de
la Orden de Santiago que tanto ambicionaba . Para recibir ésta,
más que medalla, cruz de chocolate, no dudó en
sobornar, pagar o mentir.
El 8 de marzo de 1982, tal y como figura en el libro de Makos,
conversé con Andy Warhol en París. Me habló
del Greco como aquellos vanguardistas que proclamaban: "El
Greco es el dios de la pintura.". Le pregunté la
causa de tan alta admiración, y me dijo : "El hizo
siglos antes lo que yo intento hacer hoy: invertir las relaciones
del hombre con el arte."
Velázquez fue y será loado por los defensores de
la Sagrada Tradición... ¡por Dios, por la Patria
y el Rey!
Ortega y Gasset trató de condenar la original personalidad
de El Greco frente a su idolatrado Velázquez con esta
sentencia: "El Greco contrariamente a Velázquez firmó
sus cuadros". ¿Qué mayor elogio al genio y
figura del maestro de Velázquez?
F.Arrabal
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